martes, 21 de diciembre de 2010

Una nueva navidad

Desearía ya estar libre de ocupaciones. Pero que le vamos a hacer. Ando cargado de trabajo. El que me toca ahora es uno de paciencia y filigrana. Trabajar con las palabras. Dar forma y forma y forma a unos textos.
Acabo de recordar el trabajo de los artesanos paleteros de Chulucanas. Así me siento. Dando forma a la arcilla. Uno no debería andarse con prisas en este tipo de tareas.
Prometo que la próxima navidad estaré libre desde el 10 de diciembre.
Pero ésta disfrutaré del trabajo. ¡Qué pudo ser más fácil! ¡Qué se retrasó demasiado por parte de una de las contrapartes! - justo la que debió ser la más interesada en que las cosas no se hagan de manera apresurada. Así son las cosas pues. A veces nos pasa que no ponemos atención a las cosas que son más importantes para nuestras empresas. Y las dejamos para el final. Para el final del año. Para después. Siempre para después.
Por eso disfruto pensando en el 2011. Porque será distinto.
He pintado la pared del jardín de mi casa de amarillo intenso. No se de donde sale eso de amarillo patito, pero, si quieres imaginarte el color, ese es: amarillo patito. Ya no necesito que me regalen un calzoncillo amarillo para tener buena suerte el próximo año.
Tengo la pared.
Tengo este blog.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

¿Qué hago contigo?

Podrás quejarte de abandono. Y te daría la razón. No es falta de cariño. Sucede que no tengo mucho que decirte. O sí, tendría, claro, mucho. Tal vez sea, simplemente, que no tengo ya el tiempo. Ando haciendo, haciendo y haciendo. A buen ritmo, con buena energía.
Compréndeme.
Pronto hablaremos más seguido. Lo sospecho. Lo espero.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Vuelvo a caminar

Hoy, temprano por la mañana y después de mucho tiempo, he vuelto a caminar largo rato con mi perra.  Como siempre que camino, he tomado varias decisiones. Estoy contento. Hoy es el día de la primavera. Ahora riego el  jardín mientras espero que hierva el agua que he puesto en la tetera.

Café por la mañana. Pan pita integral en la tostadora. Mantequilla Laive (eso no debería), mermelada de piña endulzada con yacón (Chío estaría orgullosa). Hoy tengo una larga jornada. Me gusta todo lo que estoy haciendo en estos días. Estoy contento.

Los cursos que dicto en Barranco están llenos de gente talentosa e inteligente. Aprendo de sus dudas, de sus preguntas. Aprendo del alma humana. De las pujas internas. Aprendo de mí. Por los retos que me ponen, comienzo a decir cosas nuevas, descubro nuevas maneras de explicar las mismas cosas. Quizás en eso consista ser maestro.
Me gustan mis clases en Barranco pero, con pena lo digo, este año ya no voy a dictar más por allá. Me voy a concentrar en montar mi Escuela de Desarrollo de la Inteligencia Empresarial en Lima Norte. A Barranco volveremos en el 2011. Si pues, ya lo entendí. esa es la principal novedad de la caminata de hoy. Yo dictaré los cursos intensivos de los fines de semana. Por lo menos al comienzo.

Hoy mi día es intenso. Tengo larga jornada con una empresa que asesoro y que me ha planteado un reto grande. La empresa quiere crecer, pero para crecer necesita ordenar todos sus procesos. ¿Cómo ordenamos todos los procesos en dos meses? Tatatatán. Quinta sinfonía de Bethoven.

Y al final de la tarde me reuno con el personal - y sus parejas - de uno de los mejores restaurantes que se ha abierto este año en el Perú. Vamos a conversar sobre como debe uno manejar la economía familiar. Me encanta como este restaurante se preocupa de su equipo. Y me encanta el espacio y también, por supuesto, comer ahí.

Buenos días.

Pdta. Las hortensias están floreciendo, hay botones que anuncian que pronto habrán rosas en los rosales. Y he puesto unas lentejas en la olla. ;o)


El primer Curso Intensivo se dicta el 9 y 10 de octubre. Toda la info en http://www.diempresa.com/


sábado, 28 de agosto de 2010

¿De cuántas cosas solemos hablar?

Reflexiono en los últimos tiempos sobre las cosas de las que hablamos los peruanos cuando nos presentamos por primera vez, tenemos reuniones con nuestros colegas o nos encontramos con amigos que ya conocemos.
¿Cuál es nuestra aproximación con el otro? ¿De dónde parte? ¿Desde cuál de nuestros roles asumimos una conversación? ¿Desde cuál de las esferas de nuestra vida?
Cuando se reunen dos mujeres que se conocen ¿de qué hablan? cuando nos reunimos un grupo de hombres ¿de qué hablamos? ¿de qué hablan los homosexuales cuando se juntan? ¿de qué una mujer y un hombre que recién se conocen?
Mi sospecha es que los peruanos tenemos pocas variantes temáticas. La mayoría de ellas relacionadas con factores externos a nosotros o con aspectos ligados al chisme o a nuestra situación sentimental.
Poco se habla con profundidad, preferimos quedarnos en la superficie, nos da flojera cavar, urgar en uno o en el otro.
Poco también hablamos de los aspectos ligados a lo laboral o empresarial. De ese tema, del tema del billete no hablamos. Es tabú, como antes lo era hablar de sexo.

martes, 24 de agosto de 2010

Que las cosas funcionen

¿De qué depende que las cosas funcionen?
Yo creo que de uno. Uno debe dejarlas funcionar. Uno debe ponerse al servicio de sus sueños. Sucede que a veces, no fluímos. En vez de aplanar el terreno le ponemos obstáculos. Quizás no sea el mundo el que complota contra ti. Quizás el problema está en ti.
Deshácete de tus nudos. Chambea en eso. Deja que lo bueno que hay en ti fluya.

lunes, 23 de agosto de 2010

Atreverse a ganar

Llegará el momento en que nos atrevamos a ganar. Estoy viendo el partido de las chicas del voley. Cuando están concentradas son mejores que el equipo de Bélgica. Sucede que se desconcentran con facilidad. Perdieron el primer set con roche. El segundo lo ganaban fácil hasta que se pusieron a un punto de cerrarlo, ahí, perdieron ocho puntos consecutivos. Igual ganaron. Pierden el tercero por desconcentración y ahora, van ganando con facilidad el cuarto set. Si se sostienen, Perú y Bélgica definirán en el quinto set. ¿Cuál de los dos equipos tendrá más carácter?
En algún momento podremos ganar olimpiadas y copas mundiales, por ahora, todavía nos cuesta.

El cansancio en Lima

Por mi trabajo, suelo prestar atención al trabajo de la gente. Miro y si tengo necesidad, pregunto. En estas últimas semanas observo con sorpresa cómo la gente está atendiendo. Y noto que está cansada y distraída ¿Qué será? Lo veo hasta en Wong, es distinta ahora la actitud de los empleados cuando uno les pregunta por algún producto. Y así como en Wong, en varios lados.
¿Será que el prolongadísimo período de mejoramiento vial al que hemos estado sometidos ha terminado por derrotarnos? Tanto atollo, tanto estrés, tanto esfuerzo de paciencia nos puede haber convertido en unos zombies.

Me están pateando la puerta

Mi perra patea la puerta de la cocina. No es normal.
Está en celo. Pero parece haber percibido mis nervios. Ya les cuento.

En cada temporada de éstas, le restrinjo la entrada a ciertas partes de la casa. También restrinjo nuestras caminatas: O tarde en la noche o muy temprano por la mañana. Pero ya estábamos saliendo poco. He viajado mucho, ha estado haciendo mucho frío, he estado tomando muchos cursos.
He incumplido con mis déberes.
Valita es tolerante e incondicional. Pero de cuando en vez me dice ¡No te pases!
Hoy patea la puerta. ¡No te pases!
Pero parece haber leído el mail donde me aconsejan operarla para que no tenga celo. Es una posibilidad que no estaba en nuestro código de convivencia. Ella se ha puesto nerviosa y yo me he bañado para salir con ella a pasear. Culposo.
Valita llora en la cocina. Yo reporto este hecho. La he criado sin correas y sin muchos no. Mi perra está criada para la libertad.
Creo que N se siente con culpa también. Ha escrito un mail más largo y muy explicativo. No la creo cruel. Ama los animales. También es muy práctica.
Bueno.
En esta casa estamos necesitando caminar.
Con permiso.

jueves, 19 de agosto de 2010

Hay cosas que quiero contarte

Tengo ganas de escribir. Hay cosas que quiero contarte.
Pero en estas semanas he tenido demasiado trabajo.
Me voy a Pisco. Tengo una charla por la tarde. Me gustaría ir acompañado por alguien que sepa manejar. Para turnarnos. Voy solo. El regreso es el problema. Acabaré cansado. O duermo cerca al mar y vuelvo mañana.
Veremos.

martes, 29 de junio de 2010

lunes, 21 de junio de 2010

Concentradito

Concentradito, como recuerdo eran las sopas de mi abuela. Largas horas de cocción para sacarle a las carnes y los huesos todo su sabor.
La última victoria de mi cuerpo sobre mis ganas,  los días de cama, la cara del médico, mi miedo, han traido un tiempo sin prisa. Espero por fin haber sido doblegado. No quiero volver a decir que estoy cansado, demolido, sin columna vertebral.
Largas horas de cocción. Concentradito. Dándole tiempo a las cosas importantes.

He estado desbalanceado. He pasado muchos meses, algunos años, excedido de chamba. Concentrándome demasiado en lo laboral. Distrayéndome de todas las otras cosas importantes de la vida.
Haciendo, deciendo sí, sí, sí. Aparentemente llevado por mi voluntad de dar. Pero también de facilismo. Es más fácil ir haciendo lo que uno sabe, que comprometerse con hacer las tareas adecuadas en el tiempo adecuado y sin desbordarse. Es decir, sin hacer más de lo que tu cuerpo, tu cerebro y tu corazón resisten. Sin hacer más de lo que tu organización soporta sin cambiar.
Entonces, he estado postergando el cambio y la evolución y también el equilibrio y la armonía entre las esferas de la vida.
Hasta que el cuerpo desde su mismísimo centro, explotó. Produciendo suficiente susto para hacer una evaluación y tomar medidas. Sin prisas. Concentradito. Como sopita de abuela. Dando el tiempo necesario para la cocción.

- Oye ¿a dónde ibas? ¿por qué no estás ya ahí? - dijo mi ombligo.
Y yo se a donde voy, pero claro que él podría reclamarme ¡por qué no estoy ya ahí!
- Oye ¿y el amor? ¿los hijitos? ¿la familia? ¿Cuándo si nunca tienes tiempo? ¿Cómo si siempre estas alerta? ¿Quién si siempre tienes prisa y mucha agenda? ¿Qué podrías ofrecer tú así como vives?

¡Asú! Fuertes cuestionamientos del señor ombligo.

Y entonces este pecho, ha decidido acelerar su bienestar. Actuar consistentemente con sus planes. Rápido aunque parezca inmóvil. Agílisimo, aunque parezca que no se mueve. Porque estando concentradito, pensando, uno define todo. Hacer es una tarea fácil. Saber qué hacer y cómo es mucho más difícil.

Hace meses vengo arreglando cositas. En mi casa, en mi vida, en mi trabajo. Estoy limpio. Estoy ya casi sano. Y tengo claro que vienen tiempos hermosos.

domingo, 20 de junio de 2010

Mientras preparo tallarines

¿Cuántas palabras se pueden escribir mientras uno prepara tallarines? Primero tiene que hervir el agua y luego los fideos tienen que ponerse a punto. ¿Qué les echo?

Dos niñas pasan toda la tarde preparándole el regalo a su padre. Cada una: tarjetita y carta. Es de noche y mamá dice que arreglen todo.
Al ratito baja papá. Bonito ver al padre tapándose los ojos cuando una de las niñas se lo pide. Se había olvidado de recoger su obra. Alguien la puso sobre la chimenea. No alcanza. El padre está con los ojos cerrados. Juega a que no sabe. Me paro yo y se la entrego.
El padre pregunta si ya puede abrir los ojos. Ella le dice que sí mientras sale de la sala. Él rie. Bonita escena.

Luego la niña vuelve a bajar. Conversa un poquito con nosotros. Y se va quedando dormida frente a él. El sonríe. La madre llega y también sonrie. Te estás quedando dormida - le dice -. La niña hace el intento de estar con nosotros un rato más. Contesta unas preguntas pero vuelve a cerrar sus ojitos. La madre la mira. El padre también. Bonito.

Mamá suavemente le vuelve a decir que se está quedando dormida. Le está diciendo en realidad que la va a llevar a acostarse. La niña ya no puede abrir los ojos. Mamá la carga.

Los fideos están listos.

sábado, 19 de junio de 2010

Afirmación del yo

Antes de salir, de empezar a dar, de mostrarte, de trabajar, de empresar, de pretender amar. Antes de amar. Antes de todo, es bueno afirmar el yo. Tomarse un rato, un buen rato... para ver quien eres, que tienes adentro, que quieres sacar, que tienes que cambiar, que quieres eliminar, que tienes para dar y - si puedes recibir - que puedes recibir.

A veces uno muestra lo que no es. O lo que no cree ser. Pero, eso que muestras, es lo que el que tienes al frente ve. Eso que muestras es lo que eres para el otro, lo único que el otro sabe de ti. ¿Qué estarás mostrando? Los que te ven, ¿te ven a ti? ¿Ven lo que tú crees ser?

Afirmación del yo. Mostrar lo que eres. Lo que sientes que eres. Chamba difícil. El canal entre tu esencia y el exterior no siempre está limpio. Casi nunca está limpio.

miércoles, 16 de junio de 2010

Un día con sol

El parque que está a la vuelta de mi casa me llama. Y yo llamo a mi perra. Nos vamos al parque. Ha salido el sol. Me provoca sentarme en una banca. Echarme en el pasto.
Casi no hay gente. Una pareja de abuelitos, él con sobretodo y gorra, ella muy mona. Otra abuelita con su nieto que le grita "no te vayas abuela" y la nana. Y una niñita, de 2 o 3 años también con su nana. Más allá, en un parque más pequeño que parece un anexo de este, una pareja de jóvenes estudiantes vestidos de negro. Él y ella, jugando a enamorarse. Hablando alto. Atentos a ver si los miran. Bonito.
Un día de sol en otoño debe ser un día de parque. Quince, treinta minutos.
Has una pausa.
¿Quién te empuja?
Corrideras del mundo moderno. La sensación que uno tiene que correr para avanzar. Y oh! sorpresa, cuando abres los ojos sueles estar atrás.
La vida, el sol, los parques, los hijos, los nietos, los abuelos, la familia, el trabajo, el disfrute, la salud.
El balance, la armonía, el equilibrio, la felicidad.
Un paseo por el parque, un día de sol en otoño.

martes, 15 de junio de 2010

El ser bloqueado

Transita como sombra hace ya varios años. Demasiados. Creyó en un amor que fue miseria.

Era
Buena. Hermosa. Creía en la gente y en el mundo posible. Era luz, batalla, molino contra el viento.
Un día llegó su Oscuridad. Un ser malo la envolvió en palabras. Movimientos. Malas artes.
Le mintió. La humilló. La vejó. Fingió ser faro. Luz potente que enceguece.
Ella creyó, necesitaba entregarse. Mil veces engañada, mil veces sonrió. Ya no tiene dientes.

Hoyo oscuro
El ser que hoy está bloqueado cayó en cada una de las tretas. Fue bajando a la caverna sin cadenas, al solo llamado.
Ven ángel, soy un dios. 
Rompieron todos sus cristales. A mazasos. Destrozaron Dignidad, Valores, Respeto hacia sí misma.

Hoy
Un ser hermoso es sombra. Mujer de la Oscuridad. Mala sangre. Mala vibra. Mala onda. Reparte tristezas. Genera conflictos. Marchita las vidas. Destruye.
No me atrevo ni a preguntarle ¿qué pasó? ¿quién se quedó con la que eras? ¿cómo si tú...?

Se del ser Oscuro. Del Miserable que la tiene en la caverna. Rota. Oscurecida toda.

Quisiera
Ayudarte. No puedo. Llámalo instinto de conservación. Tú has decidido oscurecerte. Sólo tú saldrás. Pero no se si estás siquiera iniciando la chamba. Atracción al pozo oscuro. Te levantas porque te gusta caer.
Pozo profundo roba alegrías.
Han pasado tus años. Siguen pasando. No se crece en el hoyo. Está claro.
¿Te das cuenta?

Cristales rotos
No hay pegamento para los cristales. Bótalos. No dejes a la gente manosear tus pedacitos. Es peor. El camino es renacer. Aunque haya que secarse hasta casi morir. Como planta transplantada. Secar tu verde. Casi hasta el último aliento.
Luego vendrá la vida nuevamente.

lunes, 14 de junio de 2010

Llora guitarra

Mi cuerpo no quiere andar. Ta bien. Hay que hacerle caso. Se ha vuelto un porfiado. Cama, cama, cama - pide - y hay que darle. Me levanto y vuelve a tumbarme. Por lo menos está siendo considerado y me deja cumplir con las obligaciones importantes.
Cuando el cuerpo pide que lo atiendan es mejor atenderlo. Pero ahora resulta que no es sólo el cuerpo.

También mi mente y mi corazón están demandando atención. Con roche.

Corazón
Ayer domingo fue mi primera clase con Tito La Rosa. Su taller se llama: "el poder curativo de los instrumentos ancestrales". Bacán. Llegué cansadísimo y con el cuerpo muy maltrecho. El sábado trabajé tanto que ya quedé agotado. Y ayer comencé muy temprano. Demasiado. Así que ya llegué a mi clase de las once sin columna vertebral ni  músculos. Cogí una mantita y un cojín y me cubrí un ratito. Qué ganas de abandonarme al sueño.
Tito, por suerte, comenzó la clase con una pequeña ceremonia de sonidos.
Y los sonidos, los instrumentos y sus vibraciones reponen, curan.

Bonita clase, darle forma a un bambú para que suene.
Escucharlo.
Soplar hasta marearte.
Seguir soplando.
Buena cosa.

Luego vino el ejercicio de hacer sonar un instrumento de cerámica que tiene dos jarritas unidas. No recuerdo como se llama, vasijas silbadoras - creo -. Una o las dos jarritas llevan un poco de agua adentro y con el movimiento toman aire y luego silban. Un pitido largo y profundo.

Es mi turno. Me paro con esfuerzo. Me cuesta hacerlo. Me es difícil incluso mantenerme parado. Me encanta aprender pero me llega estar tan cansado en las clases que tomo.
Pero así son estos tiempos.
La cosa es que cuando las vasijas - que son como "los pechos de una mujer" - comienzan a sonar en mis manos, suenan raro, entrecortado. Al final del ejercicio Tito dice - tus vasijas han llorado. Sí - agrega una compañera - y gemido - dice imitando a una persona que llora profundamente. Y al apoyarlas han exhalado un suspiro.
Todo eso es verdad. A mi me dió cosa hacer sonar a las vasijas de esa manera.
Tito pregunta ¿Has estado llorando?
Sí - contesto-.

Vasijas delatoras. :o)

Llorar

No lloro con frecuencia y cuando lloro es generalmente porque me conmueven ciertas historias, personas en concreto, o lugares, o vivencias mías en esos lugares.
Me gustaría llorar más por mi, por mis cosas. Pero no puedo, no me sale, no se.
Felizmente las vasijas silbadoras que son como "los pechos de una mujer" han llorado.

O es que he llorado en los pechos de una mujer que es la manera más bonita de llorar. Quiero seguir haciéndolo. Corazón y alma míos necesitan hacerlo un rato. Hace rato.
¿Dónde estás mujer para ofrecerle tus pechos a mi llanto?

Cerebro
Cansado pero activo mi cerebro también reclama que me deje de tonterías. Clama porque me concentre en las cosas que se que debo hacer. Que quiero hacer hace tiempo.  Me despierta como hoy, muy de madrugada con ideas. Me exige que prenda la computadora y haga números. Me llama a la acción. Las piezas ya están todas sobre la mesa, tengo clarísimo los pasos y yo aún no comienzo a armar el rompecabezas.

¿Qué te pasa Juan?
¿Te has vuelto timorato?

Mi cuerpo, mi cerebro, mi corazón ya saben lo que hay que hacer.
¿Qué esperas infante?



jueves, 10 de junio de 2010

Mientras calienta el agua

He prendido la terma hace minutos. Debo esperar a que caliente. Y de ahí bañarme. Así que este es un post mientras tanto.

Hoy es mi cita número doce con el señor de las agujas, el doctor de la china, el acupunturista. Mi cuerpo está alterado. Mis nervios también. No se si es por las agujas. O por mi miedo a las agujas. O sea, si es parte del proceso de curarme o si simplemente es por la tensión que vivo cuando el doctorcito me enseña el sobrecito con mi nombre que contiene las agujas que me corresponden, dice es tuyo, yo afirmo, abre el sobre y procede a ponerme las agujas. Quizás simplemente sea el miedo que da la posibilidad de cargar una enfermedad de magnitud. O tal vez el proceso natural de aquietamiento de mi mente y de mi cuerpo. Demasiado cansancio físico. Mental. Stress.

Agujitas del bien. El doctor está más tranquilo y contento. Ayer rió satisfecho. El sábado ya estarás bien - me dijo. "Peligroso. No sabes, ese sitio peligroso". Así se refiere a mi sangrado en el ombligo. "Chino no miente" "peligroso", "si no podía sanar tenías que operar" - dice. Parece que tenía un tumorcito. Un bulto tamaño de frejol en el ombligo o algo así. "Infección, inflamación, peligroso" son palabras que he escuchado mucho estos días.

No se chino / no sabe mucho español. Este ha sido un acto de confianza peruano - china. Ha habido junta de médicos sobre mi ombligo. En chino. Una china y un chino. Par de médicos. Par de esposos. Luego el doctor chino me puso las agujas. No hablan mucho. Me ha echado también un unguento "medicina china natural" en el ombligo.

A pesar de mi animadversión a las agujas. Me he sometido a la acupuntura. Y la verdad, al margen de lo que le haya pasado a mi ombligo, se me habían tapado los oídos y me sanó. No estaba durmiendo bien (estrés) y ahora he dormido mucho en estos días y noches. El cuerpo estaba sin poder descansar y hoy no tiene músculo, ni fibra, ni estructura. Demanda cama. Y eso está bien. Lo necesitaba. Ya casi estoy curado o mejorado o afinado. Me quedan tres sesiones más con las agujas y de ahí, de nuevo al ruedo.

La gente a mi alrededor me invita a acudir a la medicina formal. Al chequeo, los análisis de sangre, la ecografía, y lo que sea necesario. He decidido no mezclar tratamientos. Así que no he ido por esos chequeos. Sólo me permití ver a una irióloga. Y tomé uno de sus brebajes. En ayunas. Ayer me cambió el humor con roche. Me encolericé sin motivos. Así que tomado conciencia abandone las hierbas sugeridas. No voy a mezclar tratamientos.

No me gusta la medicina occidental. No me gustan los médicos. Alguna vez me he sentí ultrajado por uno de ellos. Terminé operado sin necesitarlo realmente. Por eso tengo un seguro que nunca uso. O casi nunca. Sólo para el chequeo anual. Y por si acaso ocurra algo.

Agujitas del bien. El agua debe estar ya caliente. Y yo tengo que ir a buscarlas.

Un libro

¡Qué inmenso placer produce sumergirse en la lectura de un buen libro! Pero acometerlo es un reto, quizás un desafío, o si somos de verdad precisos: un atrevimiento.

He tenido un libro de muchas páginas cerca a mi varios meses. Ha estado esperando su momento. Libro gordo, grandote, pesado. De respeto. Hasta que al fin, me atreví.
Soporté los primeros momentos con dudas. ¿Me enganchará? ¿Me engancharé? ¿Valdrá la pena?

¿Por qué tantos meses de espera? ¿Por qué no devorarlo apenas sentí interés por él? Habrá sido por su densidad y volumen. Demasiada historia para mi tiempo apurado. O tal vez el miedo a que el libro incumpla su promesa. Que sea cáscara, ligereza, espejismo. Entretenimiento, pérdida de tiempo y no detenimiento, profundidad, emoción real.

Los buenos libros siempre esperan que uno decida cuando es el momento apropiado. Saben que tienen una sola chance, así que esperan pacientes a que uno de el primer paso. Porque ellos ya están ahí. Llenos ya, dispuestos.

He pasado mis cuatro últimos días leyendo más que nada. Este libro acompañó con afecto mi necesidad de estar en cama. He aprendido, he imaginado, he pensado, he comprendido y tomado consciencia de cosas importantes. Me he trasladado en el tiempo y he vivido la vida con otros.
Me he llenado de emociones y afectos. He anhelado desenlaces.

La vida es una larga historia y uno necesita buena compañía.

Y entonces pienso en el libro al que aún no me atrevo a entregarme.

viernes, 4 de junio de 2010

¿Por qué?

¿Por qué haces las cosas que haces? ¿Qué te mueve?
¿Es lo que haces lo que quieres hacer?
¿Por qué dices las cosas que dices?
¿Es lo que dices lo que quieres decir?

Coherencia.

Últimamente he estado buscando en el diccionario el significado de algunas palabras y lo que me dice el diccionario siempre es menos de lo que yo me imagino para las palabras.
Será porque estamos en el tiempo en que todo tiene que ser breve.
¿Por qué tenemos miedo de profundizar en las cosas?

Profundizar en uno.
Profundizar en el otro.
Profundizar en el significado de lo que decimos.
Profundizar en el por qué de nuestra existencia.

Todo nos invita a la vida ligera.
Pero no veo mucha felicidad en los ligeros.

Se prefiere la confusión antes que la claridad.
Es raro, porque la claridad es bonita.
¿Por qué entonces no se convierte en nuestro anhelo?
¿Qué nos pasó?

Bajarse del remolino

¿Por qué nuestro clan siempre complota nuestra chamba por obtener claridad?
El clan quiere que nos envolvamos en su remolino:
No tengas paz.
No nos hagas sentir nuestra miseria.
Distráete.
No tengas paz.
No te encuentres.
No te busques.
No tengas paz.

El clan te suplica que no te busques.
Hay temor a la luz.
Al silencio.

Hay soledad en los rebeldes.
Te señalan.
Te separan.
Dudas.
Quizás te entristezcas.
Aislamiento.

¿Debes rebelarte?
Tu clan se enoja y te agrede.
"No oses salir del remolino" - sientes que te dicen a cada rato.
Si llegas a no hacerles caso
Recibirás recompensa.

Pero que vas a estar solo
Que te vas a entristecer
De eso no hay dudas.

¿Cómo ser fuertes?
¿Cómo resistir los embates?
¿Con quién caminas?
¿En quién te apoyas?

¿Qué quieres de tu vida?
No dejes que se pierda tu claridad infantil.
Sabes para que nacistes.
Tente confianza.

Tente confianza.

miércoles, 2 de junio de 2010

Decisiones cuando compras

¿Qué hace que elijamos una empresa y no otra para comprarle sus productos? Hoy decidí ir a una veterinaria más lejana para dejar a mi perra a que la bañen. Veo más actitud en la gente que trabaja en ella.
Comí un tentenpie en un sitio al cual no pienso volver pero cuya propuesta me parece bacán. No me gusta quien atiende.
Compré periódico en un puesto y no en otro. Me quedaba más cerca y quería leer mientras comía. Sin embargo, me parece pésima la presentación de los periódicos y la atención del canillita. Nunca compraría ahí una revista u otra cosa. Sólo periódicos de emergencia.
Fui al grifo que tiene la gasolina más barata.
Fui a un cine más lejano porque tiene más onda aunque me jode donde tengo que estacionar.
Vi una película épica y no una de amor porque me gustan los valientes aún más que los amantes.
Entre a una librería pero no compré nada. No sentí ningún estímulo en ese apiñajo de libros a pesar de ser la mejor librería que hay en Perú.
Preferí no ir a la bodega de siempre sino que llevé a una amiga y a su hija que quería un gancho de pelo a buscar un puestito que supuse existía en un pequeñísimo centro comercial que hay cerca a mi casa. Ese centro comercial para vacío y me da pena eso.
 ¿Tú cómo tomas tus decisiones?

martes, 18 de mayo de 2010

Muñequito de madera

Hay temporadas que voy y vengo con frecuencia. Que salgo de mi cuarto, de mi sala, de mi confortable espacio laboral, de mi entorno de afectos y viajo. Estas últimas tres semanas, por ejemplo, apenas si he estado en Lima los fines de semana. He salido de mi casa de mañanita, de tarde o de noche. Siempre después de lo planificado. Siempre había algo más que hacer antes de salir.
En estos días me alegra no tener que ir al aeropuerto. No tener que llamar al taxi, temer porque no suene el despertador, armar la maleta con prisa. Pasar esos controles ridículos. Estas semanas he viajado en mi carro. 422 kilometros de ida, 422 kilometros de regreso. Chimbote ha sido mi destino.
Salir de Lima por el norte no es tan fácil ni tan ligero como salir por el sur. La Panamericana Norte está más poblada y los pilotos son muy novatos. En Lima Norte manejan muy mal y todo lo solucionan sacando el bracito y haciéndote el gesto ya pues choche. Me río pero como me dan ganas de mandarlos al carajo.
Una vez pasado Puente Piedra la cosa se relaja. Y es bonito estar en la carretera. Te relajas tú, dejas atrás Lima entera y todo su peso. Te pones feliz, te pones cantor, te pones bailarín en tu carro. Claro, vas con cuidado. Hay su tensión. La carretera, el miedo al camión con las luces apagadas, a que alguien que venga de vuelta no respete las reglas y nos ponga en riesgo a todos. A que te falle la resistencia y te quedes dormido. Hay su miedito. Y están también los patrulleros. Estacionados. A ver si paras. A ver si te pueden decir algo. A ver si puedes dejar tu peaje. Peaje, deberían también haber bonos por kilometros acumulados. He hecho 3 mil kilometros las últimas tres semanas. Tantos peajes pagados, la pista no está tan buena. Hay varios kilometros que están mal. Recién los están trabajando.
Por eso quizás, a pesar del placer y la desconexión, el cuerpo se va tensando. Vas sintiendo los dolores de espalda, pantorrillas, los muslos. Duelen los antebrazos, las manos. Y cuando uno llega a destino tiene que salir del carro en tres o cinco tiempos. Como si fuera un muñequito de madera. Hasta que nuevamente el cuerpo adquiere sus capacidades. A mi sentir eso me apena.
Hoy, ya es de mañana. Ya el cuerpo está bien. Ya llega la tarea a realizar. Escuchar, percibir, tratar de ayudar, buscar las palabras adecuadas para que el otro entienda, buscar en el archivo todos los ejemplos para ver cual sirve, sentir que necesita el otro, con que intensidad.
Regresar es más ligero. Regresar al hogar es rico. Ya no puedo seguir escribiendo. Tengo que comenzar el ritual de la higiene y el desayuno.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Hoy no tengo

Hoy no tengo cara ni cuerpo. Me faltan espalda, piernas, ojos. Estoy lleno de dolores repartidos. Pies, pantorrillas, nalgas, manos, brazos, nuca y... mejor no sigo. Quedan aún el espíritu y las ganas. Queda alma, energía, cerebro. En estos días las jornadas son largas y la gente mucha y diferente. Muchos pueblos en un solo pueblo. Grupos ligeros y otros con cargas muy pesadas. Gente que tiene las llaves de sus puertas y gente llena de falsas murallas.

Esta casa ha perdido sus columnas. Estamos en peligro... ya lo se, ya lo se.

sábado, 1 de mayo de 2010

Almas en pena


Vacío. Tienes una sensación de vacío. No. No es en el estómago. Tampoco hay vacío en tu cerebro. Ni en tu corazón. Es tu alma. Que de tan llena está vacía.
Sucede con las almas que dan mucho. De tanto dar nace la pena.
Almas en pena.
Les sucede a las madres cuando los hijos se van y se van yendo cada vez más. Es común. Les sucede a los maestros cuando sus alumnos se van y se van yendo sin mirar atrás.

Las almas que dan mucho a veces se convierten en almas con pena. A veces por un rato, a veces para siempre. Por eso hay que limpiarse en el mar. Salir a caminar. Tomar de otros que también saben dar. Hay que buscar a los curadores de almas.

Uno tiene que aprender a recibir. A tomar la mano de quien la sabe dar. Recibir para poder volver a dar. Limpiarse con el mar, los vientos, el fuego y con la tierra. Limpiar el alma que no está vacía sino demasiado llena.
Llena de las penas de la gente. Penas que haces tuyas. Dolores de otros que se pegan como mocos infantiles en tu alma.

Y claro ¿te enseñaron acaso a reciclar las penas de la gente? ¿A enterrarlas? No. Sin embargo, has de recordar que las penas de la gente son en su mayoría biodegradables. Y que, además, esas penas no son tus penas. Si están llenando tu alma, entonces no te queda más que aprender a limpiarla.

Y de rato en rato tienes también que tomar distancia de la gente que te pide y te pide, a veces, sólo porque sabes dar y no porque realmente lo necesite.

martes, 2 de febrero de 2010

Empatía



La semana pasada he estado hablando mucho acerca de la empatía. Entre otras cosas, me descubrí diciendo que la economía debería incorporar la variable empatía para explicar el desarrollo de las sociedades.
Pienso que cuando hay más empatía entre los miembros de una comunidad, ésta desarrolla más y más rápido. Cuando la empatía está ausente, hay menor desarrollo económico. A más ausencia, menos desarrollo.
Claro, la ausencia de empatía entre los seres humanos no sólo afecta el desarrollo económico de un pueblo. Yo diría que la ausencia de empatía entre unos y otros afecta de manera holística nuestra capacidad de vivir en armonía, de generarnos bienestar los unos a los otros. Y lo económico es sólo una parte de nuestro bienestar.

La ausencia de empatía con los seres humanos con los que nos relacionamos produce amargura. O quizás sea la amargura la que produce la ausencia de empatía. Es como el asunto del huevo o la gallina. Para el caso, no me importa, porque el asunto es que una vez que caes en la amargura estás jodido. Y la cosa se torna un remolino, un tornado, amargura increscendo si nadie te hace el pare.
Tú manera de relacionarte con el mundo cambia.
Se vuelve destructiva.

La amargura es la cosa más miserable que puede existir.

Uno puede salir de la pobreza fácilmente. La pobreza es una condición que es pasajera. Pero salir de la miseria es más jodido.
Salir de la miseria que causa la amargura es muy difícil.
El amargado está lleno de mierda adentro.
Una persona llena de mierda no puede ser empática. Está demasiada concentrada en sus rabias y envidias. Se vuelve extremadamente defensivo. El que se defiende demasiado suele tener muchos miedos.
El miedo te anula.
Te impide hacer cosas.
Te cierra el cerebro y el corazón.
Te reprime.
El amargado tiene mucho miedo.
No confía en nadie.
El amargado arma sus murallas y coloca cañones para tumbarse a la gente que se acerca.
El amargado tiene una permanente vocación de destrucción.
De anular al otro.

Otras miserias
Alguna vez, a fines del 2003, dirigí en India, un taller para discutir las distintas nociones de pobreza que teníamos las diez personas que estabamos ahí. Cuatro indios, dos peruanos, un africano, una australiana, un italiano, una estadounidense de origen pakistaní, cinco hombres, cinco mujeres. Nuestras experiencias vitales eran todas muy - muy distntas.
Hay algo que es peor que la pobreza dijo el italiano. La miseria interna. Y habló de la depresión de su hermano. Sí - dijo la mujer india que tenía mucho, muchísimo dinero, dos hijas jóvenes y era dueña de la casa de campo donde estábamos. Sí - dijo -, y habló de la profunda tristeza en la que estaba sumida.
Es verdad -pensé. Y pensé en mi madre y en los muchos años que llevaba incapaz de moverse de la cama. Y pensé en mi hermana y su amargura por esa diabetes infantil.
Pensé también en aquellos que dependían de la droga o el alcohol.
La miseria, la amargura.

Volvamos a la empatía y sus efectos sociales
El discurso y la acción oficial de "los limeños" recepcionó a los inmigrantes provincianos sin ninguna empatía. Ayudaron muy poco a que se integren a las dinámicas de la ciudad. Casi todos los nombres que pusieron a los lugares donde ellos vivían remitían a algo negativo: invasión, asentamientos humanos, barriadas. Quizás el único con alguna connotación positiva fue la de pueblos jóvenes.
La economía generada por los migrantes recibió el nombre de "informal".
Se hacía burla despectiva a las maneras de hablar, de vestir, de oler.
La carga de desprecio que adquirieron palabras como indio, serrano, cholo fue creciendo.
Negación del otro. Manifestación evidente de la falta de empatía.
Recién hace pocos años comienza una ofensiva para combatir el racismo, la marginación. Pero la ofensiva contra la estupidez es muy débil aún. Los discriminadores y a discriminación no está aún en franco retroceso.

La ausencia de empatía
La ausencia de empatía limita tu capacidad de ver, de hacer, de disfrutar, de vincularte con el otro.
Un discurso oficial tan poco empático anuló tu visión.
Te volvió torpe entre peruanos.
Has crecido dentro de la torpeza.
Es vergonzoso e increíble como recién hace 10 años se "descubre" Lima Norte.
Es vergonzoso e increíble que la gente que se dedica a tomar decisiones en las empresas conozca tan poco de Lima.
Tan poco del interior del país.
Que su vacilón sea seguir encerrándose.
La ausencia de empatía hace que exista muchas demandas insatisfechas en la población. Hay demanda insatisfecha porque no hay oferta.
No hay oferta porque quienes toman decisiones en las empresas no saben un carajo de sus clientes.
Y no saben porque contratan muchachos atorrantes llenos de prejuicios o ponen en la cabeza de la toma de decisiones gente sin ninguna empatía por el país.
Los estudios de mercado algo ayudan a palear esta discapacidad empresarial. Pero por más información que tengas, dificílmente vas a poder tener logros extraordinarios si es que tu equipo humano carece de empatía con los peruanos.
Claro dirás, pero no tenemos mucha gente competente para lo "peruano".
Sí pues.
Y sabes que: lo "peruano" no lo aprendes en ninguna maestría en el exterior.
Tampoco en las maestrías que te ofrecen en Lima.
Lo "peruano" lo aprendes en la calle.
Siendo empático.

Quizás tengas que comenzar a contratar a otra gente. Quizás deban comenzar a importarte menos las maestrías y más la empatía cuando formes tus equipos.
Reformula tus criterios de contratación de personal. Agrégale la variable "empatía con lo peruano, con los peruanos". Vas aver como aumentan tus ventas.
Si dejas de contratar estúpidos racistas aumentarán tus ventas.

El desarrollo de las empresas empáticas
Por eso, me encanta trabajar con empresas donde la empatía es posible. Hay algunas grandes empresas que andan en este asunto y es un placer trabajar con ellas, porque están dispuestas a trabajar sus discapacidades.
Por eso me encanta trabajar con pequeños empresarios. Trabajar ayudándolos a liberarse de las barreras del discurso oficial. Para que sean capaces de aprovechar su natural empatía con la gente.
Esas empresas van a crecer si aprenden a organizarse mejor.
Y yo creo que eso es lo que se viene.
El desarrollo del mercado interno a paso gigante y el rápido crecimento de las pequeñas empresas que aprendan a crecer fortaleciendo su estructura organizativa.

La ausencia de empatía entre peruanos con poder y peruanos que están adquiriendo poder es aun muy grande.
La ausencia de empatía se reproduce en muchas familias y en muchos colegios.
Hay familias que crian futuros estúpidos y estúpidas.
Familias de discapacitados para vivir en el Perú que reproducen su discapacidad.
Porque la falta de empatía es una discapacidad.
Una discapacidad social.
De la que se puede salir, sí, con un largo proceso de rehabilitación. Reformateando tu mente.

Mira este video. Da cuenta de la empatía con la gente. La empatía con la gente es la principal fuente de la innovación en el mundo empresarial.
Porque cuando quieres a la gente te ocupas de resolver sus problemas.

jueves, 21 de enero de 2010

Ayuno Día II

Hoy es mi tercer día de ayuno y, lo he logrado hasta ahora :o)!!. A mi aparato digestivo no ha entrado ningún sólido desde el lunes a las 5 de la tarde. Agua de papa (la hago riquísima), agua mineral sin gas y un par de tasas de café sin azúcar por día.

Pero vamos por partes y sin cantar victoria, que el tema cada vez se pone más difícil. Ayer comencé el día temprano a pesar que me acosté tarde.

Hago un recuento: el primer día de ayuno me cargó de energía. Trabajé mucho desde temprano y por la noche, como seguía sin sueño, escribí para este blog y el de la www.mula.pe (2mil32), así que mi jornada del martes acabó en realidad el miércoles a la 1:30 a.m.

Ayer, miércoles, comencé mi jornada laboral a las 5 a.m. Es decir, el ayuno no me generó más sueño. Y aproveché porque tenía que entregar los guiones de unas charlas que debo dictar la próxima semana en Los Olivos, calzar y delegarle a R el trabajo de coordinación de las fechas de otros seminarios que debo dictar a partir de febrero en varios pueblos de pescadores de la costa, ir a una reunión para un trabajo que estoy acabando sobre el problema del alcoholismo en algunas comunidades de la selva; para finalmente, concluir mi jornada laboral afinando con el equipo de la empresa que me contrata, las presentaciones de la próxima semana en Los Olivos.

Comencé a las 5 a.m. y terminé todo esto a la 1 de la tarde. Bien. Hasta ahí, bien.
Claro, en la reunión de la selva apareció Satanás con unas galletitas que felizmente no toque. Un café al que no eché azúcar, etc.
Pero ante mi osadía, Sátanas mandó en la tarde una prueba de fuego: recogí (por fin, perdón por la demora y gracias por insistir) de Radio Capital mi "canasta navideña" (dos cajas grandes llenas de productos de esos que vienen en una canasta navideña). ¡Miércoles! ¡Qué tentación! Jajaja ¡y qué tortura en estos días!, un par de bolsas de manjar blanco que me activaron mis ganas de comerme unos panqueques, galletas, ravioles, fideos, lasagnas y bolsas de salsa roja, cantidad de latas de duraznos, peras, piñas, frutas varias al jugo, panetones, vinos, una caja de Vizzio,... a varias de esas cosas si no hubiera estado en ayuno le hubiera dado vueltas.
Pero resistí a ese ataque diabólico gracias a que decidí irme a la playa a aprovechar el sol que salió ayer.

Pero, ante este ataque visual pantagruélico, mi estómago y mi cerebro reaccionaron mal. Rumbo al sur he tenido tentaciones de parar en panaderías y cafés para empujarme alguito.
Debía comprar agua y en la carretera pensaba si comería o no cualquier grasada en bolsa mientras compraba el agua. Dejé pasar varios grifos para evitar la tentación y en el que finalmente decidí parar, ¡diablo de nuevo! Había un mostrador de panadería y estaba recontra bien surtido.

Asceta. Se me acaba de venir esa palabra a la cabeza. Bueno, creo que finalmente, ayer me comporté como todo un asceta. Sólo compré dos botellas de agua mineral sin gas y a la playa.

La playa elegida estaba con gente y repleta de vendedores alegres por el sol y las ventas. Tampoco eramos tantos bañistas pero había su gente y la gente estaba con ganas de gastar. Pasaban con cervezas, platos de cebiche y jaleas, heladeros, hasta alguien que gritó ¡tamalitos! ¡tamalitos! uff!.
Pero nada. Asceta. Con todas las tentaciones pero asceta. Me salvó una cosa probablemente: dejé la billetera en el carro.

Llegué a mi casa y yo había desembalado todas las cosas de las cajas navideñas de Radio Capital pero no las había guardado. Craso error. Estaban todas las cosas sobre los muebles de la cocina para ser guardadas. Y yo me moría de hambre. Y no tenía agua de papa (mi desayuno, almuerzo y cena) hecha.

Y son treinta minutos que tiene que sancochar la papa.

Asceta. No abrí ni un paquete de galletas. Ninguno de los panetones. Ninguna de esas latas de frutas al jugo que me hubieran caido tan bien. Asceta.

Felizmente que había llamado a Lourdes para que me haga unos masajes. Felizmente que se me ocurrió como mecanismo compensatorio. Y ella llegó a las 7:20 p.m. y me salvo, y me dejó con sueño y entonces, luego de mis dos últimos vasos de agua de papa, me dormí a las 10 p.m.

No fue fácil mantenerme en el ayuno ayer. Además el sol, la playa y el agua de mar dan hambre. La cosa con el hambre es así: en la mañana todo es más fácil. Pasa una hora y ya no tienes problemas, resistes bien. El problema de las necesidades de llevarse algo a la boca se acrecienta por las tardes y en las noches. Tu cuerpo pide. Si no le das, al rato igual se calma, pero luego vuelve a pedir. Y tu cerebro, que está programado para activar tu conciencia tragona trabaja llamándote la atención. Pero se puede. Uno puede mantenerse dos días a punta de agua de papa. Y seguir trabajando normal.

Listo, hoy ya es el final. Me comprometí con Chío a tres días de ayuno. Le quiero sacar la vuelta pensando que oficialmente tres días sin comer se cumplen a las 5 de la tarde de hoy. Pero creo que esperaré a mañana para comer algo sólido. ¿Podré?

Mi jornada laboral es más relajada hoy. Igual he llamado a Lourdes para que me haga masajes también hoy. Drenaje linfático toca. Ese ayuda a eliminar las impurezas de la sangre (o algo así). Y tengo mi taller de Improv Comedy en la noche. Ahí tengo que corretear y estar mosca. Me vendría bien comer algo antes. Ya, ya, ya. ¡Fuera diablo, fuera!
Agua de papa bendita, flor de desayuno, allá voy.

Las mañanas son más tranquilas respecto al hambre.

martes, 19 de enero de 2010

Ayuno

Hoy es mi primer día de ayuno. El último sólido lo ingerí hace más de 24 horas. Estoy acompañando a mi sobrina Chío que está alta de azúcar. Su médico, el doctor Casanova, le ha pedido que ayune y luego pase a una dieta de alimentos crudos.
Chío tiene el azúcar alta desde hace un año. Para la medicina occidental, es diabética. Para la medicina occidental debería inyectarse insulina. Volverse insulino dependiente. Para nosotros tiene el azúcar alta.
Su madre -mi hermana-, su padre y ella, han decidido hacer un tratamiento alternativo. Yo estoy contento con esa decisión. La mayoría de nosotros, estamos contentos con esta decisión. Nuestra familia sabe muy bien lo que es ser insulino dependiente.
Mi hermana Mariella fue insulino dependiente desde los ocho años. Ella murió hace cinco. Contenta porque luego de una vida con rabia encontró el amor meses antes de entrar a hacer diálisis, cinco o seis años antes de morir. El amor de su vida fue Gastón. Que, por otros motivos, también hacia diálisis. El amor brotó en las salas del hospital Rebagliati. Gastón murió un año y un mes después que mi hermana Mariella. Pero esa es otra historia que les contaré algún día. Espero pronto.
Lo menciono esta vez porque las decisiones de mi familia en este momento tienen que ver con nuestras vivencias del pasado. Y Chío las conoce perfectamente. Y de esa historia saca fuerzas para enfrentar el fregado proceso de cambiar de rutina por un tiempo. Hasta que el azúcar vuelva a sus niveles normales.

Chío debió venir ayer para pasar una temporada en mi casa. Pero una amiga suya que vino de Argentina sufrió una diarrea colosal y no viajó el domingo de vuelta a su tierra. Entonces, Chío está con ella de anfitriona. Habíamos quedado en hacer juntos el ayuno. Aquí en mi casa. Entre dos es más fácil. Podíamos habernos reído con el concierto de nuestras tripas hambrientas. Conversado mucho rato de este pequeño esfuerzo que significa que el cuerpo se estabilice. Pero no se ha podido. Ella comenzó su ayuno ayer, yo, he comenzado hoy.

No comencé ayer porque no sabía como era el asunto del agua de papa. Sucede que durante estos días sólo podemos tomar agua de papa y agua mineral sin gas. Yo no sabía cual era la receta del agua de papa. Es decir, cuantas papas, cuanta agua, cuanto tiempo se hierve. Podrías pensar que son sonseras. Pero si te pones en nuestro lugar y piensas que lo único que entrará en tu sistema digestivo es agua de papa durante tres días, entonces perdonarás que haya buscado la receta perfecta.

Hoy comencé sin receta perfecta. Y casi sin papas. No he tenido tiempo de ir al mercado y me la he bancado todo el día con agua de sólo tres papas. No mucha agua, para que no salga tan aguada. Ríete. La mucha chamba que tengo en estos días, tuve que llevar a arreglar un artefacto eléctrico y el técnico me salió parlanchín y una visita a mi madre que me pidió que la jale a comprar plantas, tierra para macetas y una maceta. Los tiempos se apretaron y no fui por la papa.

Pero hablé con mi madre un rato. La madre de Mariella y la abuela de Chío. Mi madre. Pensarás que no es necesario que te lo remarque, pero lo es. Mi madre es la persona que menos soporta este proceso. Porque con la dieta, que ya lleva un año, Chío ha bajado mucho de peso. Y ahora último los exámenes señalan que su prolactina está baja. Entonces mi madre se cuestiona este tratamiento alternativo. Y con sus dudas, abre fisuras innecesarias. Entonces aproveché en hablar con ella.

- Mamá, no te estás dando cuenta pero estás saboteando una decisión. La madre ahora no eres tú, es Rocío. Tienes que respetar el camino que ellas han elegido.
- Pero Juancito, Chío está muy flaquita.
- Todos sus exámenes están bien. Sólo la prolactina está baja. Y el doctor ni caso le ha hecho a eso. Para él la prioridad está en bajar el azúcar. Yo estuve en la consulta.
- Es que está muy flaquita.
- Mamá, son sólo unos meses que tiene que seguir la dieta de manera estricta. Tú no puedes ser la que sabotée todo esto.
- Si pues.
- Es un año de esfuerzo. Como un entrenamiento de alta competencia. Como un curso intensivo, como una maestría. Justo hoy hablé con una señora que me contó que su sobrina le diagnosticaron diabetes a los 14 años y se curó, tiene 23 y ya no tiene azúcar alto.

Comprendo a mi madre. Comprendo sus temores. Temores de familia.

Y entonces acá estoy. En ayuno. Chío debió estar acá. Es más difícil acompañarnos a la distancia. Pero no quiero sacar los pies del plato. Faltan dos días. Chío está más en su cama con cara compungida. Es su segundo día. Para mi ha sido recién el primero ¿Cómo estaré mañana?

Debo decir que Chío nos está dando la oportunidad de revisar nuestros hábitos alimenticios. Y de confrontarnos con todas las cosas que se movilizaron cuando éramos niños y apareció la diabetes en casa. Debo decir que por salud me provoca este ayuno. Que me vienen bien un par de kilos menos. Que incluso me divierto viviendo esta pequeña tortura.

¡Gracias Chío! Aunque hemos debido armar el concierto de tripas juntos.

sábado, 16 de enero de 2010

Un mordisco de amor para el corazón

María, la hija de Manuel Medina y ella, la mamá y profe de María, o sea Manuela Medina. Mujeres canarias. Es decir de Islas Canarias que tuve la suerte de tener en casa unos días antes de su viaje de regreso a España.

Te quiero de Benedetti. Ellas cantaban en mi casa unos días después de la muerte del poeta.

Las montañas de chocolate

Ayer mi amiga W me llevó a conocer la montaña de chocolate que está coronada por nieve. Pensé que era una pero no, vi dos montañas. Y es loco porque, en realidad, pudiese ser que existiesen más... tres, cuatro, cinco montañas. Podría haber un valle de montañas de chocolate cubiertas con nieve de vainilla y la nieve cubierta por una capita de chocolate adicional.
Observar el paisaje es ya maravilloso. Pero más maravilloso es adentrarse en él. A punta de caminar sobre la montaña uno descubre en un momento que ésta se hunde, que tiene fisuras. Podría entrarte miedo, pánico, podrías pensar que te vas a desbarrancar. Pero no, es una montaña tan blanda como el corazón del Chapulín Colorado que es imposible asustarse. Y oh montaña generosa!, uno puede acceder a su interior.
Y cuando uno accede al interior de la montaña descubre que existe dentro de ella una corriente subterránea de chocolate espeso. Puedes beber de esa fuente. Aplacar tu sed. Puedes incluso perder el pudor.

Es asombroso como uno, en estos tiempos, todavía puede descubrir cosas en la naturaleza.

Y yo que, más temprano, había hecho sudar a un pez espada. Sin maldad, pero a punta de ejercicios lo había hecho llorar entre cebollas, arder en ají amarillo, sonrojarse hasta el tomate. Y que en vez de llevarlo tomado de la mano de papas y arroces, había llevado al pecesito por entre una selvita colorida y ligera.

Pero así es pues cuando conversas de las cosas que se pueden hacer. Y W, que ha hecho muchas cosas admirables, puede aún sorprendernos con más. Mucho más cosas todavía. Como si recién empezará a caminar.

Y entonces claro, cuando uno descubre todas esas cosas aparecen como por arte de magia las montañas de chocolate.

lunes, 11 de enero de 2010

Las estrellas y el miedo irracional

Mi amiga Wendy se entera que me voy a Isla de Pascua y exclama ¡Mi isla favorita! y pasa a darme una serie rápida de consejos. El principal: coge un carro en la noche y anda donde no haya luz y mira las estrellas.

Woow
Yo digo que las estrellas le dan gracias a la noche porque encima de otro coche no pueden lucir tan bellas - dice Silvio Rodriguez - y es verdad.
Cogí un coche y me fuí 20 kilometros lejos del pequeño poblado de Isla de Pascua. Había estado ahí más temprano por la tarde. En la playa. Y volví a las 11 de la noche.
Isla de Pascua está en medio del océano. Y en medio del océano no hay luz eléctrica. Salvo en el pequeño poblado que tiene la isla. Pero estaba ya bastante lejos de él. Llego, bajo del auto, miro el cielo. Nunca vi tantas estrellas. El fondo oscuro del cielo y las lucecitas de las estrellas poblándolo. Increíble.

Estrellado por mis miedos
Pero no todo es perfecto. Mierda mis miedos. Estaba solo. A oscuras. Las estrellas sí, pero a oscuras. No saqué linterna. No llevé linterna. Tenía las llaves del carro. Las luces del carro pero era un despropósito prenderlas. Pero los ruidos de pasos ¿Miedo a qué Infante? ¿A los ladrones? ¿Qué ladrones huevón? Pero esos ruidos me hicieron volver al auto. Prendo las luces. Un perro se había echado al costado del auto. Amo a los perros. Pero claro. El miedo. No lo llame. Tonto yo, debí entablar amistad con él. Como siempre hago con los perros.
Solo lo dejé tranquilo y volví a apagar las luces. A mirar las estrellas.
Más ruidos. Otra vez el miedo. Tamare!
Pasos de caballo.
¿Miedo a qué? Mira las estrellas. ¡Mira a las estrellas Juan! Pero el miedo me lleva de vuelta al carro. Abre el carro. Mete la llave. Has contacto. Todo apresurado. Prende las luces. Un caballo sin jinete. ¡Miedo a qué huevón!
Más temprano Pa me había dicho. Maneja con cuidado.

En Isla de Pascua somos 5 mil personas y 7 mil caballos. Los caballos andan sueltos.
No le tengo miedo a los caballos.
Me encantan.
No le tengo miedo a los perros. Tampoco le tengo miedo a las personas. Pero la mezcla de oscuridad y ruidos me generan al parecer algún tipo de miedo que - aunque creí que ya no existía - se, ahora, que aún está ahí.
Pero sigo, intentando, apago las luces y continuo con el espectáculo que me regala la naturaleza. Las estrellas.

Y pienso en el pasado.

En los miles de años donde no había luz eléctrica y la vida transcurría con su espectáculo nocturno ¿Cuánto puede enseñar mirar las estrellas? ¿Cuánto conocimiento al alcance de cualquier ojo y cuantas sensaciones hemos perdido? ¿Cuánto enseña el silencio, la ausencia de ruido?

Pero ahí estaba el puto miedo no dejándome disfrutar del todo. Miedo absurdo. Risible pero incontrolable. Miedo castrador ¿De dónde vienes? Hollywood y Tiburón. Hollywood y el hacha por la espalda. Películas absurdas ¿serán ustedes la causa de estos miedos?
Y recuerdo mis miedos infantiles a la oscuridad. A cruzar el pasadizo que llevaba a mi cuarto. De niño las distancias mínimas pueden parecer grandes. Tuve miedo a la oscuridad de chico. Ese miedo me acompañó hasta un viaje a Obrajillo con mis amigos de la facultad de Artes de la Católica. Recuerdo que fuimos caminando hasta Canta y regresamos tarde. De noche. Uno tras de otro, en colita. A oscuras adivinando el camino. Jajaja. Ahí estaba el miedo. Aún con gente tuve miedo. Hasta que llegamos al campamento.

Los miedos impiden el disfrute. En Pascua no hay asesinos ni asaltantes de caminos. No hay lugar para desconfiar. O sea: un asalto con ataque físico sería una cosa novedosa en la isla. Pero eso no importa. El espectáculo de la naturaleza versus esos miedos. El subconsciente.

Y ahí estuve yo perdiendo la batalla. No pudiendo bajar a la playa para echarme un rato sobre la arena a contemplar las estrellas. Para disfrutar de ese espectáculo que es tan difícil tener en otros lugares de la tierra. La tierra que está ya convertida en un gran foco.

Te admiro Thomas Edison pero no admiro el uso y abuso que hoy hacemos de la luz eléctrica.

Así que nada. El cuento termina conmigo derrotado. No soporte este miedo. No duré mucho a oscuras. Diez minutos, quince minutos con dos interrupciones. Y de vuelta al coche. Al camino de regreso. A la seguridad absurda del coche. De la luz eléctrica. A mi cabaña con sus focos. Al libro que leía. No me atreví a vivir una historia superior. No me atreví a la contemplación del espectáculo de la naturaleza. Probé sí, pero no me entregué. Tuve miedo y me regresé. ¿Cúal es la locura? ¿Quedarse o regresarse?

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