martes, 18 de mayo de 2010

Muñequito de madera

Hay temporadas que voy y vengo con frecuencia. Que salgo de mi cuarto, de mi sala, de mi confortable espacio laboral, de mi entorno de afectos y viajo. Estas últimas tres semanas, por ejemplo, apenas si he estado en Lima los fines de semana. He salido de mi casa de mañanita, de tarde o de noche. Siempre después de lo planificado. Siempre había algo más que hacer antes de salir.
En estos días me alegra no tener que ir al aeropuerto. No tener que llamar al taxi, temer porque no suene el despertador, armar la maleta con prisa. Pasar esos controles ridículos. Estas semanas he viajado en mi carro. 422 kilometros de ida, 422 kilometros de regreso. Chimbote ha sido mi destino.
Salir de Lima por el norte no es tan fácil ni tan ligero como salir por el sur. La Panamericana Norte está más poblada y los pilotos son muy novatos. En Lima Norte manejan muy mal y todo lo solucionan sacando el bracito y haciéndote el gesto ya pues choche. Me río pero como me dan ganas de mandarlos al carajo.
Una vez pasado Puente Piedra la cosa se relaja. Y es bonito estar en la carretera. Te relajas tú, dejas atrás Lima entera y todo su peso. Te pones feliz, te pones cantor, te pones bailarín en tu carro. Claro, vas con cuidado. Hay su tensión. La carretera, el miedo al camión con las luces apagadas, a que alguien que venga de vuelta no respete las reglas y nos ponga en riesgo a todos. A que te falle la resistencia y te quedes dormido. Hay su miedito. Y están también los patrulleros. Estacionados. A ver si paras. A ver si te pueden decir algo. A ver si puedes dejar tu peaje. Peaje, deberían también haber bonos por kilometros acumulados. He hecho 3 mil kilometros las últimas tres semanas. Tantos peajes pagados, la pista no está tan buena. Hay varios kilometros que están mal. Recién los están trabajando.
Por eso quizás, a pesar del placer y la desconexión, el cuerpo se va tensando. Vas sintiendo los dolores de espalda, pantorrillas, los muslos. Duelen los antebrazos, las manos. Y cuando uno llega a destino tiene que salir del carro en tres o cinco tiempos. Como si fuera un muñequito de madera. Hasta que nuevamente el cuerpo adquiere sus capacidades. A mi sentir eso me apena.
Hoy, ya es de mañana. Ya el cuerpo está bien. Ya llega la tarea a realizar. Escuchar, percibir, tratar de ayudar, buscar las palabras adecuadas para que el otro entienda, buscar en el archivo todos los ejemplos para ver cual sirve, sentir que necesita el otro, con que intensidad.
Regresar es más ligero. Regresar al hogar es rico. Ya no puedo seguir escribiendo. Tengo que comenzar el ritual de la higiene y el desayuno.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Hoy no tengo

Hoy no tengo cara ni cuerpo. Me faltan espalda, piernas, ojos. Estoy lleno de dolores repartidos. Pies, pantorrillas, nalgas, manos, brazos, nuca y... mejor no sigo. Quedan aún el espíritu y las ganas. Queda alma, energía, cerebro. En estos días las jornadas son largas y la gente mucha y diferente. Muchos pueblos en un solo pueblo. Grupos ligeros y otros con cargas muy pesadas. Gente que tiene las llaves de sus puertas y gente llena de falsas murallas.

Esta casa ha perdido sus columnas. Estamos en peligro... ya lo se, ya lo se.

sábado, 1 de mayo de 2010

Almas en pena


Vacío. Tienes una sensación de vacío. No. No es en el estómago. Tampoco hay vacío en tu cerebro. Ni en tu corazón. Es tu alma. Que de tan llena está vacía.
Sucede con las almas que dan mucho. De tanto dar nace la pena.
Almas en pena.
Les sucede a las madres cuando los hijos se van y se van yendo cada vez más. Es común. Les sucede a los maestros cuando sus alumnos se van y se van yendo sin mirar atrás.

Las almas que dan mucho a veces se convierten en almas con pena. A veces por un rato, a veces para siempre. Por eso hay que limpiarse en el mar. Salir a caminar. Tomar de otros que también saben dar. Hay que buscar a los curadores de almas.

Uno tiene que aprender a recibir. A tomar la mano de quien la sabe dar. Recibir para poder volver a dar. Limpiarse con el mar, los vientos, el fuego y con la tierra. Limpiar el alma que no está vacía sino demasiado llena.
Llena de las penas de la gente. Penas que haces tuyas. Dolores de otros que se pegan como mocos infantiles en tu alma.

Y claro ¿te enseñaron acaso a reciclar las penas de la gente? ¿A enterrarlas? No. Sin embargo, has de recordar que las penas de la gente son en su mayoría biodegradables. Y que, además, esas penas no son tus penas. Si están llenando tu alma, entonces no te queda más que aprender a limpiarla.

Y de rato en rato tienes también que tomar distancia de la gente que te pide y te pide, a veces, sólo porque sabes dar y no porque realmente lo necesite.

martes, 2 de febrero de 2010

Empatía



La semana pasada he estado hablando mucho acerca de la empatía. Entre otras cosas, me descubrí diciendo que la economía debería incorporar la variable empatía para explicar el desarrollo de las sociedades.
Pienso que cuando hay más empatía entre los miembros de una comunidad, ésta desarrolla más y más rápido. Cuando la empatía está ausente, hay menor desarrollo económico. A más ausencia, menos desarrollo.
Claro, la ausencia de empatía entre los seres humanos no sólo afecta el desarrollo económico de un pueblo. Yo diría que la ausencia de empatía entre unos y otros afecta de manera holística nuestra capacidad de vivir en armonía, de generarnos bienestar los unos a los otros. Y lo económico es sólo una parte de nuestro bienestar.

La ausencia de empatía con los seres humanos con los que nos relacionamos produce amargura. O quizás sea la amargura la que produce la ausencia de empatía. Es como el asunto del huevo o la gallina. Para el caso, no me importa, porque el asunto es que una vez que caes en la amargura estás jodido. Y la cosa se torna un remolino, un tornado, amargura increscendo si nadie te hace el pare.
Tú manera de relacionarte con el mundo cambia.
Se vuelve destructiva.

La amargura es la cosa más miserable que puede existir.

Uno puede salir de la pobreza fácilmente. La pobreza es una condición que es pasajera. Pero salir de la miseria es más jodido.
Salir de la miseria que causa la amargura es muy difícil.
El amargado está lleno de mierda adentro.
Una persona llena de mierda no puede ser empática. Está demasiada concentrada en sus rabias y envidias. Se vuelve extremadamente defensivo. El que se defiende demasiado suele tener muchos miedos.
El miedo te anula.
Te impide hacer cosas.
Te cierra el cerebro y el corazón.
Te reprime.
El amargado tiene mucho miedo.
No confía en nadie.
El amargado arma sus murallas y coloca cañones para tumbarse a la gente que se acerca.
El amargado tiene una permanente vocación de destrucción.
De anular al otro.

Otras miserias
Alguna vez, a fines del 2003, dirigí en India, un taller para discutir las distintas nociones de pobreza que teníamos las diez personas que estabamos ahí. Cuatro indios, dos peruanos, un africano, una australiana, un italiano, una estadounidense de origen pakistaní, cinco hombres, cinco mujeres. Nuestras experiencias vitales eran todas muy - muy distntas.
Hay algo que es peor que la pobreza dijo el italiano. La miseria interna. Y habló de la depresión de su hermano. Sí - dijo la mujer india que tenía mucho, muchísimo dinero, dos hijas jóvenes y era dueña de la casa de campo donde estábamos. Sí - dijo -, y habló de la profunda tristeza en la que estaba sumida.
Es verdad -pensé. Y pensé en mi madre y en los muchos años que llevaba incapaz de moverse de la cama. Y pensé en mi hermana y su amargura por esa diabetes infantil.
Pensé también en aquellos que dependían de la droga o el alcohol.
La miseria, la amargura.

Volvamos a la empatía y sus efectos sociales
El discurso y la acción oficial de "los limeños" recepcionó a los inmigrantes provincianos sin ninguna empatía. Ayudaron muy poco a que se integren a las dinámicas de la ciudad. Casi todos los nombres que pusieron a los lugares donde ellos vivían remitían a algo negativo: invasión, asentamientos humanos, barriadas. Quizás el único con alguna connotación positiva fue la de pueblos jóvenes.
La economía generada por los migrantes recibió el nombre de "informal".
Se hacía burla despectiva a las maneras de hablar, de vestir, de oler.
La carga de desprecio que adquirieron palabras como indio, serrano, cholo fue creciendo.
Negación del otro. Manifestación evidente de la falta de empatía.
Recién hace pocos años comienza una ofensiva para combatir el racismo, la marginación. Pero la ofensiva contra la estupidez es muy débil aún. Los discriminadores y a discriminación no está aún en franco retroceso.

La ausencia de empatía
La ausencia de empatía limita tu capacidad de ver, de hacer, de disfrutar, de vincularte con el otro.
Un discurso oficial tan poco empático anuló tu visión.
Te volvió torpe entre peruanos.
Has crecido dentro de la torpeza.
Es vergonzoso e increíble como recién hace 10 años se "descubre" Lima Norte.
Es vergonzoso e increíble que la gente que se dedica a tomar decisiones en las empresas conozca tan poco de Lima.
Tan poco del interior del país.
Que su vacilón sea seguir encerrándose.
La ausencia de empatía hace que exista muchas demandas insatisfechas en la población. Hay demanda insatisfecha porque no hay oferta.
No hay oferta porque quienes toman decisiones en las empresas no saben un carajo de sus clientes.
Y no saben porque contratan muchachos atorrantes llenos de prejuicios o ponen en la cabeza de la toma de decisiones gente sin ninguna empatía por el país.
Los estudios de mercado algo ayudan a palear esta discapacidad empresarial. Pero por más información que tengas, dificílmente vas a poder tener logros extraordinarios si es que tu equipo humano carece de empatía con los peruanos.
Claro dirás, pero no tenemos mucha gente competente para lo "peruano".
Sí pues.
Y sabes que: lo "peruano" no lo aprendes en ninguna maestría en el exterior.
Tampoco en las maestrías que te ofrecen en Lima.
Lo "peruano" lo aprendes en la calle.
Siendo empático.

Quizás tengas que comenzar a contratar a otra gente. Quizás deban comenzar a importarte menos las maestrías y más la empatía cuando formes tus equipos.
Reformula tus criterios de contratación de personal. Agrégale la variable "empatía con lo peruano, con los peruanos". Vas aver como aumentan tus ventas.
Si dejas de contratar estúpidos racistas aumentarán tus ventas.

El desarrollo de las empresas empáticas
Por eso, me encanta trabajar con empresas donde la empatía es posible. Hay algunas grandes empresas que andan en este asunto y es un placer trabajar con ellas, porque están dispuestas a trabajar sus discapacidades.
Por eso me encanta trabajar con pequeños empresarios. Trabajar ayudándolos a liberarse de las barreras del discurso oficial. Para que sean capaces de aprovechar su natural empatía con la gente.
Esas empresas van a crecer si aprenden a organizarse mejor.
Y yo creo que eso es lo que se viene.
El desarrollo del mercado interno a paso gigante y el rápido crecimento de las pequeñas empresas que aprendan a crecer fortaleciendo su estructura organizativa.

La ausencia de empatía entre peruanos con poder y peruanos que están adquiriendo poder es aun muy grande.
La ausencia de empatía se reproduce en muchas familias y en muchos colegios.
Hay familias que crian futuros estúpidos y estúpidas.
Familias de discapacitados para vivir en el Perú que reproducen su discapacidad.
Porque la falta de empatía es una discapacidad.
Una discapacidad social.
De la que se puede salir, sí, con un largo proceso de rehabilitación. Reformateando tu mente.

Mira este video. Da cuenta de la empatía con la gente. La empatía con la gente es la principal fuente de la innovación en el mundo empresarial.
Porque cuando quieres a la gente te ocupas de resolver sus problemas.

jueves, 21 de enero de 2010

Ayuno Día II

Hoy es mi tercer día de ayuno y, lo he logrado hasta ahora :o)!!. A mi aparato digestivo no ha entrado ningún sólido desde el lunes a las 5 de la tarde. Agua de papa (la hago riquísima), agua mineral sin gas y un par de tasas de café sin azúcar por día.

Pero vamos por partes y sin cantar victoria, que el tema cada vez se pone más difícil. Ayer comencé el día temprano a pesar que me acosté tarde.

Hago un recuento: el primer día de ayuno me cargó de energía. Trabajé mucho desde temprano y por la noche, como seguía sin sueño, escribí para este blog y el de la www.mula.pe (2mil32), así que mi jornada del martes acabó en realidad el miércoles a la 1:30 a.m.

Ayer, miércoles, comencé mi jornada laboral a las 5 a.m. Es decir, el ayuno no me generó más sueño. Y aproveché porque tenía que entregar los guiones de unas charlas que debo dictar la próxima semana en Los Olivos, calzar y delegarle a R el trabajo de coordinación de las fechas de otros seminarios que debo dictar a partir de febrero en varios pueblos de pescadores de la costa, ir a una reunión para un trabajo que estoy acabando sobre el problema del alcoholismo en algunas comunidades de la selva; para finalmente, concluir mi jornada laboral afinando con el equipo de la empresa que me contrata, las presentaciones de la próxima semana en Los Olivos.

Comencé a las 5 a.m. y terminé todo esto a la 1 de la tarde. Bien. Hasta ahí, bien.
Claro, en la reunión de la selva apareció Satanás con unas galletitas que felizmente no toque. Un café al que no eché azúcar, etc.
Pero ante mi osadía, Sátanas mandó en la tarde una prueba de fuego: recogí (por fin, perdón por la demora y gracias por insistir) de Radio Capital mi "canasta navideña" (dos cajas grandes llenas de productos de esos que vienen en una canasta navideña). ¡Miércoles! ¡Qué tentación! Jajaja ¡y qué tortura en estos días!, un par de bolsas de manjar blanco que me activaron mis ganas de comerme unos panqueques, galletas, ravioles, fideos, lasagnas y bolsas de salsa roja, cantidad de latas de duraznos, peras, piñas, frutas varias al jugo, panetones, vinos, una caja de Vizzio,... a varias de esas cosas si no hubiera estado en ayuno le hubiera dado vueltas.
Pero resistí a ese ataque diabólico gracias a que decidí irme a la playa a aprovechar el sol que salió ayer.

Pero, ante este ataque visual pantagruélico, mi estómago y mi cerebro reaccionaron mal. Rumbo al sur he tenido tentaciones de parar en panaderías y cafés para empujarme alguito.
Debía comprar agua y en la carretera pensaba si comería o no cualquier grasada en bolsa mientras compraba el agua. Dejé pasar varios grifos para evitar la tentación y en el que finalmente decidí parar, ¡diablo de nuevo! Había un mostrador de panadería y estaba recontra bien surtido.

Asceta. Se me acaba de venir esa palabra a la cabeza. Bueno, creo que finalmente, ayer me comporté como todo un asceta. Sólo compré dos botellas de agua mineral sin gas y a la playa.

La playa elegida estaba con gente y repleta de vendedores alegres por el sol y las ventas. Tampoco eramos tantos bañistas pero había su gente y la gente estaba con ganas de gastar. Pasaban con cervezas, platos de cebiche y jaleas, heladeros, hasta alguien que gritó ¡tamalitos! ¡tamalitos! uff!.
Pero nada. Asceta. Con todas las tentaciones pero asceta. Me salvó una cosa probablemente: dejé la billetera en el carro.

Llegué a mi casa y yo había desembalado todas las cosas de las cajas navideñas de Radio Capital pero no las había guardado. Craso error. Estaban todas las cosas sobre los muebles de la cocina para ser guardadas. Y yo me moría de hambre. Y no tenía agua de papa (mi desayuno, almuerzo y cena) hecha.

Y son treinta minutos que tiene que sancochar la papa.

Asceta. No abrí ni un paquete de galletas. Ninguno de los panetones. Ninguna de esas latas de frutas al jugo que me hubieran caido tan bien. Asceta.

Felizmente que había llamado a Lourdes para que me haga unos masajes. Felizmente que se me ocurrió como mecanismo compensatorio. Y ella llegó a las 7:20 p.m. y me salvo, y me dejó con sueño y entonces, luego de mis dos últimos vasos de agua de papa, me dormí a las 10 p.m.

No fue fácil mantenerme en el ayuno ayer. Además el sol, la playa y el agua de mar dan hambre. La cosa con el hambre es así: en la mañana todo es más fácil. Pasa una hora y ya no tienes problemas, resistes bien. El problema de las necesidades de llevarse algo a la boca se acrecienta por las tardes y en las noches. Tu cuerpo pide. Si no le das, al rato igual se calma, pero luego vuelve a pedir. Y tu cerebro, que está programado para activar tu conciencia tragona trabaja llamándote la atención. Pero se puede. Uno puede mantenerse dos días a punta de agua de papa. Y seguir trabajando normal.

Listo, hoy ya es el final. Me comprometí con Chío a tres días de ayuno. Le quiero sacar la vuelta pensando que oficialmente tres días sin comer se cumplen a las 5 de la tarde de hoy. Pero creo que esperaré a mañana para comer algo sólido. ¿Podré?

Mi jornada laboral es más relajada hoy. Igual he llamado a Lourdes para que me haga masajes también hoy. Drenaje linfático toca. Ese ayuda a eliminar las impurezas de la sangre (o algo así). Y tengo mi taller de Improv Comedy en la noche. Ahí tengo que corretear y estar mosca. Me vendría bien comer algo antes. Ya, ya, ya. ¡Fuera diablo, fuera!
Agua de papa bendita, flor de desayuno, allá voy.

Las mañanas son más tranquilas respecto al hambre.

martes, 19 de enero de 2010

Ayuno

Hoy es mi primer día de ayuno. El último sólido lo ingerí hace más de 24 horas. Estoy acompañando a mi sobrina Chío que está alta de azúcar. Su médico, el doctor Casanova, le ha pedido que ayune y luego pase a una dieta de alimentos crudos.
Chío tiene el azúcar alta desde hace un año. Para la medicina occidental, es diabética. Para la medicina occidental debería inyectarse insulina. Volverse insulino dependiente. Para nosotros tiene el azúcar alta.
Su madre -mi hermana-, su padre y ella, han decidido hacer un tratamiento alternativo. Yo estoy contento con esa decisión. La mayoría de nosotros, estamos contentos con esta decisión. Nuestra familia sabe muy bien lo que es ser insulino dependiente.
Mi hermana Mariella fue insulino dependiente desde los ocho años. Ella murió hace cinco. Contenta porque luego de una vida con rabia encontró el amor meses antes de entrar a hacer diálisis, cinco o seis años antes de morir. El amor de su vida fue Gastón. Que, por otros motivos, también hacia diálisis. El amor brotó en las salas del hospital Rebagliati. Gastón murió un año y un mes después que mi hermana Mariella. Pero esa es otra historia que les contaré algún día. Espero pronto.
Lo menciono esta vez porque las decisiones de mi familia en este momento tienen que ver con nuestras vivencias del pasado. Y Chío las conoce perfectamente. Y de esa historia saca fuerzas para enfrentar el fregado proceso de cambiar de rutina por un tiempo. Hasta que el azúcar vuelva a sus niveles normales.

Chío debió venir ayer para pasar una temporada en mi casa. Pero una amiga suya que vino de Argentina sufrió una diarrea colosal y no viajó el domingo de vuelta a su tierra. Entonces, Chío está con ella de anfitriona. Habíamos quedado en hacer juntos el ayuno. Aquí en mi casa. Entre dos es más fácil. Podíamos habernos reído con el concierto de nuestras tripas hambrientas. Conversado mucho rato de este pequeño esfuerzo que significa que el cuerpo se estabilice. Pero no se ha podido. Ella comenzó su ayuno ayer, yo, he comenzado hoy.

No comencé ayer porque no sabía como era el asunto del agua de papa. Sucede que durante estos días sólo podemos tomar agua de papa y agua mineral sin gas. Yo no sabía cual era la receta del agua de papa. Es decir, cuantas papas, cuanta agua, cuanto tiempo se hierve. Podrías pensar que son sonseras. Pero si te pones en nuestro lugar y piensas que lo único que entrará en tu sistema digestivo es agua de papa durante tres días, entonces perdonarás que haya buscado la receta perfecta.

Hoy comencé sin receta perfecta. Y casi sin papas. No he tenido tiempo de ir al mercado y me la he bancado todo el día con agua de sólo tres papas. No mucha agua, para que no salga tan aguada. Ríete. La mucha chamba que tengo en estos días, tuve que llevar a arreglar un artefacto eléctrico y el técnico me salió parlanchín y una visita a mi madre que me pidió que la jale a comprar plantas, tierra para macetas y una maceta. Los tiempos se apretaron y no fui por la papa.

Pero hablé con mi madre un rato. La madre de Mariella y la abuela de Chío. Mi madre. Pensarás que no es necesario que te lo remarque, pero lo es. Mi madre es la persona que menos soporta este proceso. Porque con la dieta, que ya lleva un año, Chío ha bajado mucho de peso. Y ahora último los exámenes señalan que su prolactina está baja. Entonces mi madre se cuestiona este tratamiento alternativo. Y con sus dudas, abre fisuras innecesarias. Entonces aproveché en hablar con ella.

- Mamá, no te estás dando cuenta pero estás saboteando una decisión. La madre ahora no eres tú, es Rocío. Tienes que respetar el camino que ellas han elegido.
- Pero Juancito, Chío está muy flaquita.
- Todos sus exámenes están bien. Sólo la prolactina está baja. Y el doctor ni caso le ha hecho a eso. Para él la prioridad está en bajar el azúcar. Yo estuve en la consulta.
- Es que está muy flaquita.
- Mamá, son sólo unos meses que tiene que seguir la dieta de manera estricta. Tú no puedes ser la que sabotée todo esto.
- Si pues.
- Es un año de esfuerzo. Como un entrenamiento de alta competencia. Como un curso intensivo, como una maestría. Justo hoy hablé con una señora que me contó que su sobrina le diagnosticaron diabetes a los 14 años y se curó, tiene 23 y ya no tiene azúcar alto.

Comprendo a mi madre. Comprendo sus temores. Temores de familia.

Y entonces acá estoy. En ayuno. Chío debió estar acá. Es más difícil acompañarnos a la distancia. Pero no quiero sacar los pies del plato. Faltan dos días. Chío está más en su cama con cara compungida. Es su segundo día. Para mi ha sido recién el primero ¿Cómo estaré mañana?

Debo decir que Chío nos está dando la oportunidad de revisar nuestros hábitos alimenticios. Y de confrontarnos con todas las cosas que se movilizaron cuando éramos niños y apareció la diabetes en casa. Debo decir que por salud me provoca este ayuno. Que me vienen bien un par de kilos menos. Que incluso me divierto viviendo esta pequeña tortura.

¡Gracias Chío! Aunque hemos debido armar el concierto de tripas juntos.

sábado, 16 de enero de 2010

Un mordisco de amor para el corazón

María, la hija de Manuel Medina y ella, la mamá y profe de María, o sea Manuela Medina. Mujeres canarias. Es decir de Islas Canarias que tuve la suerte de tener en casa unos días antes de su viaje de regreso a España.

Te quiero de Benedetti. Ellas cantaban en mi casa unos días después de la muerte del poeta.

Las montañas de chocolate

Ayer mi amiga W me llevó a conocer la montaña de chocolate que está coronada por nieve. Pensé que era una pero no, vi dos montañas. Y es loco porque, en realidad, pudiese ser que existiesen más... tres, cuatro, cinco montañas. Podría haber un valle de montañas de chocolate cubiertas con nieve de vainilla y la nieve cubierta por una capita de chocolate adicional.
Observar el paisaje es ya maravilloso. Pero más maravilloso es adentrarse en él. A punta de caminar sobre la montaña uno descubre en un momento que ésta se hunde, que tiene fisuras. Podría entrarte miedo, pánico, podrías pensar que te vas a desbarrancar. Pero no, es una montaña tan blanda como el corazón del Chapulín Colorado que es imposible asustarse. Y oh montaña generosa!, uno puede acceder a su interior.
Y cuando uno accede al interior de la montaña descubre que existe dentro de ella una corriente subterránea de chocolate espeso. Puedes beber de esa fuente. Aplacar tu sed. Puedes incluso perder el pudor.

Es asombroso como uno, en estos tiempos, todavía puede descubrir cosas en la naturaleza.

Y yo que, más temprano, había hecho sudar a un pez espada. Sin maldad, pero a punta de ejercicios lo había hecho llorar entre cebollas, arder en ají amarillo, sonrojarse hasta el tomate. Y que en vez de llevarlo tomado de la mano de papas y arroces, había llevado al pecesito por entre una selvita colorida y ligera.

Pero así es pues cuando conversas de las cosas que se pueden hacer. Y W, que ha hecho muchas cosas admirables, puede aún sorprendernos con más. Mucho más cosas todavía. Como si recién empezará a caminar.

Y entonces claro, cuando uno descubre todas esas cosas aparecen como por arte de magia las montañas de chocolate.

lunes, 11 de enero de 2010

Las estrellas y el miedo irracional

Mi amiga Wendy se entera que me voy a Isla de Pascua y exclama ¡Mi isla favorita! y pasa a darme una serie rápida de consejos. El principal: coge un carro en la noche y anda donde no haya luz y mira las estrellas.

Woow
Yo digo que las estrellas le dan gracias a la noche porque encima de otro coche no pueden lucir tan bellas - dice Silvio Rodriguez - y es verdad.
Cogí un coche y me fuí 20 kilometros lejos del pequeño poblado de Isla de Pascua. Había estado ahí más temprano por la tarde. En la playa. Y volví a las 11 de la noche.
Isla de Pascua está en medio del océano. Y en medio del océano no hay luz eléctrica. Salvo en el pequeño poblado que tiene la isla. Pero estaba ya bastante lejos de él. Llego, bajo del auto, miro el cielo. Nunca vi tantas estrellas. El fondo oscuro del cielo y las lucecitas de las estrellas poblándolo. Increíble.

Estrellado por mis miedos
Pero no todo es perfecto. Mierda mis miedos. Estaba solo. A oscuras. Las estrellas sí, pero a oscuras. No saqué linterna. No llevé linterna. Tenía las llaves del carro. Las luces del carro pero era un despropósito prenderlas. Pero los ruidos de pasos ¿Miedo a qué Infante? ¿A los ladrones? ¿Qué ladrones huevón? Pero esos ruidos me hicieron volver al auto. Prendo las luces. Un perro se había echado al costado del auto. Amo a los perros. Pero claro. El miedo. No lo llame. Tonto yo, debí entablar amistad con él. Como siempre hago con los perros.
Solo lo dejé tranquilo y volví a apagar las luces. A mirar las estrellas.
Más ruidos. Otra vez el miedo. Tamare!
Pasos de caballo.
¿Miedo a qué? Mira las estrellas. ¡Mira a las estrellas Juan! Pero el miedo me lleva de vuelta al carro. Abre el carro. Mete la llave. Has contacto. Todo apresurado. Prende las luces. Un caballo sin jinete. ¡Miedo a qué huevón!
Más temprano Pa me había dicho. Maneja con cuidado.

En Isla de Pascua somos 5 mil personas y 7 mil caballos. Los caballos andan sueltos.
No le tengo miedo a los caballos.
Me encantan.
No le tengo miedo a los perros. Tampoco le tengo miedo a las personas. Pero la mezcla de oscuridad y ruidos me generan al parecer algún tipo de miedo que - aunque creí que ya no existía - se, ahora, que aún está ahí.
Pero sigo, intentando, apago las luces y continuo con el espectáculo que me regala la naturaleza. Las estrellas.

Y pienso en el pasado.

En los miles de años donde no había luz eléctrica y la vida transcurría con su espectáculo nocturno ¿Cuánto puede enseñar mirar las estrellas? ¿Cuánto conocimiento al alcance de cualquier ojo y cuantas sensaciones hemos perdido? ¿Cuánto enseña el silencio, la ausencia de ruido?

Pero ahí estaba el puto miedo no dejándome disfrutar del todo. Miedo absurdo. Risible pero incontrolable. Miedo castrador ¿De dónde vienes? Hollywood y Tiburón. Hollywood y el hacha por la espalda. Películas absurdas ¿serán ustedes la causa de estos miedos?
Y recuerdo mis miedos infantiles a la oscuridad. A cruzar el pasadizo que llevaba a mi cuarto. De niño las distancias mínimas pueden parecer grandes. Tuve miedo a la oscuridad de chico. Ese miedo me acompañó hasta un viaje a Obrajillo con mis amigos de la facultad de Artes de la Católica. Recuerdo que fuimos caminando hasta Canta y regresamos tarde. De noche. Uno tras de otro, en colita. A oscuras adivinando el camino. Jajaja. Ahí estaba el miedo. Aún con gente tuve miedo. Hasta que llegamos al campamento.

Los miedos impiden el disfrute. En Pascua no hay asesinos ni asaltantes de caminos. No hay lugar para desconfiar. O sea: un asalto con ataque físico sería una cosa novedosa en la isla. Pero eso no importa. El espectáculo de la naturaleza versus esos miedos. El subconsciente.

Y ahí estuve yo perdiendo la batalla. No pudiendo bajar a la playa para echarme un rato sobre la arena a contemplar las estrellas. Para disfrutar de ese espectáculo que es tan difícil tener en otros lugares de la tierra. La tierra que está ya convertida en un gran foco.

Te admiro Thomas Edison pero no admiro el uso y abuso que hoy hacemos de la luz eléctrica.

Así que nada. El cuento termina conmigo derrotado. No soporte este miedo. No duré mucho a oscuras. Diez minutos, quince minutos con dos interrupciones. Y de vuelta al coche. Al camino de regreso. A la seguridad absurda del coche. De la luz eléctrica. A mi cabaña con sus focos. Al libro que leía. No me atreví a vivir una historia superior. No me atreví a la contemplación del espectáculo de la naturaleza. Probé sí, pero no me entregué. Tuve miedo y me regresé. ¿Cúal es la locura? ¿Quedarse o regresarse?

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jueves, 24 de diciembre de 2009

La abundancia

Me dicen que las tortugas traen abundancia. Tengo una desde setiembre. Me la dejó L cuando se estaba despidiendo. Al principio, pensé que el mejor hogar para la tortuga era el jardín de afuera. La tortuga estaba tímida y en ese espacio podría construir un habitat al margen de quienes poblamos esta casa. Pero luego pensé en que mejor era integrarla. La pasé al jardín posterior que es más expuesto, sin muchos lugares como para esconderse.
Su cambio de comportamiento fue evidente e instantáneo. Mi tortuga se ha vuelto muy sociable. Ya no se asusta ni conmigo, ni con Vala - mi perra -, ni con las personas que vienen a mi casa y entran al comedor (que en realidad es mi escritorio desde que llegó la primavera).
En el jardín de atrás podemos mirarnos mutuamente.
En pocos días la tortuga pasó de tímida a exhibicionista. Y eso me encanta. Que la gente y los animales se suelten y actúen libremente. Por lo menos en mi casa :o). Y con la tortuga fue inmediato una vez que pasó al jardín de atrás. Ella ya no se esconde, ya no mete la cabeza ni se oculta dentro del caparazón, ha perdido el miedo. Ni cuando me acerco, ni cuando me agacho, ni cuando Valita la explora. Ni cuando otra persona se acerca a verla.
Me encanta verla caminar por el césped mientras trabajo. Me encanta el movimiento de sus piernas no sólo cuando camina. A veces las estira como modelo piernas largas. Las tortugas bostezan. Me encanta ver bostezar a la mía.
Ella ha perdido el miedo a comer, al comienzo no me aceptaba ni una lechuga. Antes de ayer vino D con su hijo J y me preguntó que que le daba de comer. Nada - le respondí - come pasto. Y con sus exclamaciones felices de siempre D - dijo - Shoan! tienes que darle plátano, manzanas. En ese momento, por suerte, habían manzanas. Así que presta D y J se pusieron a cortar manzanas. La tortuga acudió y nos regaló una atragantada de manzanas.
Disfruto de estos espectáculos como de las rosas que han nacido a montones en mi jardín o de ver la maceta que nuevamente promete un florero de muchas muchas hortencias.

Abundancia
Y ahora R me dice que las tortugas traen abundancia. Y yo pienso en la abundancia que deseo:
Deseo amor de pareja en abundancia.
Deseo abundancia de armonía en mi vida.
Deseo risas en abundancia, compañerismo, amistad, buenos momentos en abundancia.
Deseo buenas conversaciones en abundancia.
Deso tomar buenas decisiones en abundancia.
Deseo trabajar haciendo el bien en abundancia a mucha mucha gente.
Deseo que mis amigos tengan felicidad en abundancia.
Deseo que las mujeres que amé y me amaron sean felices, tengan paz y amor de pareja en abundancia.
Deseo que gente en abundancia descubra que puede ser feliz en abundancia y que su felicidad les lleve a hacer cosas buenas en abundancia.
Deseo ayudar en abundancia a que eso ocurra en abundancia.

Besos abundantes,abrazos abundantes.

martes, 22 de diciembre de 2009

¿Por qué no puede moverse el ser inmóvil?

Frente a mi se encuentra el ser inmóvil. Lo reto a moverse pero no puede. Me gustaría que le llegue la sangre a la cara, al corazón, a las manos, a su vientre, a sus pies, que sienta un sentido de urgencia frente a algo.
Pero no.
No puede.
La sangre no fluye o si lo hace, lo hace de manera imperceptible para mi y para el mismo, la sangre fluye tan lentamente que no logra tener la potencia para moverlo.
El ser inmóvil está ahí, frente a mi, petrificado como estatua en la Isla de Pascua. Una gran cabeza que ha enterrado el cuerpo frente a un paisaje hermoso, el mar: la fuerza en movimiento.

El ser inmóvil sufre. Por lo menos este que tengo al frente no ha nacido para contemplar. Le encanta el mar, quisiera nadar. Sufre porque quiere pero aún no puede moverse. Entonces viene y se sienta frente a mi.

Y yo pienso si tienen sentido las palabras.
Si tiene sentido hablarle a su gran cabezota. Dudo. Esa cabezota ya tiene demasiada información, las palabras la entretienen pero no sirven. Ha estado muchos años pensando y pensando.
A solas.

Por eso creo que hay que desenterrar el cuerpo. Pero desenterrar el cuerpo tiene un problema. El cuerpo adormecido del ser inmóvil no va a poder sostener la cabezota si lo desentierro muy rápido. Es probable que pierda el equilibrio, se caiga y se rompa en mil pedazos antes de poder echarse a andar.
Pascua.
La imagen de la isla de Pascua ayuda.

Por eso creo que hay que hacer circular la sangre primero. Hay que hacer que bombee fuerte el corazón. Hay que limpiar las articulaciones, activar los músculos.

Miro al ser inmóvil: es harta chamba - pienso -.

Sentido de urgencia

Lo que mueve a la gente que hace cosas es el sentido de urgencia. ¿Pero qué pasa cuando uno no tiene ese sentido?
No se.
¿Cómo se construye un sentido de urgencia?
No se.

Ya, pero dime ¿qué es el sentido de urgencia?

En lo básico es la responsabilidad por uno mismo y por los que dependen de uno.
Me urge comer porque sino muero de hambre.
Me urge conseguir comida a mis críos porque si no se me mueren.
Pero hay otros sentidos de urgencia, las ganas irrefrenables:
De hacer algo.
De crear algo.
De ofrecer algo.
De demostrar algo.

Me gustan las urgencias de la gente de bien, detesto las urgencias de la gente de mal. Pero parece que muchas veces las urgencias de la gente de mal son más poderosas que las de la gente de bien. Pero eso es un cuento para después.

El Test para descubrir si soy un ser inmóvil
- Pienso en hacer, no hago.
- Tengo proyectos, no obra.
- Pienso en el amor, no amo.
- Pienso en lo que tengo que decir, no lo digo.
- Pienso en lo ideal, no lo construyo.
- Quiero mostrar pero me gana la vergüenza.

Seres inmóviles ¿Cuándo se petrificaron?
El que mira para atrás se convierte en piedra.
Eso dicen los cuentos.
¿Vivir mirando para atrás?
Y atrás no hay pasos tuyos
Sólo hechos de una infancia que fue dura.
Tu infancia ya es bien lejana.
Pero domina tu vida.
De ahí, hasta hoy
¿qué?
¿qué hay de ti?
Leo tu historia en tu cabezota.
No en tus hechos.
No hay huellas que den cuenta de tus pasos.
Cabezota de Pascua
Hacer aunque uno falle. Hacer, fallar, hacer mejor, mejor, mejor, mejor.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Identidad peruana

Una boca enorme de labios oscuros y carnosos pregunta en la Plaza de Armas de Lima mirando de frente al palacio de gobierno ¿Qué es lo peruano? ¿Qué somos? ¿Cuál es la identidad peruana?. Dos días después, otra boca, pequeña, de labios rosas y delgados, pregunta lo mismo sentada en una banca de un parque de Surco ¿Qué es lo peruano? ¿Qué somos? ¿Cuál es la identidad peruana?

Las dos bocas sufren como todas las bocas en el Perú de discriminación. Las dos bocas dicen que no se les reconoce el derecho de ser peruanas. Una por su tez oscura, la otra por su tez blanca. Lo mismo ocurriría si hubiese conversado con bocas marrones, amarillas, rojas, verdes. Las bocas peruanas sienten que las descalifican pero también se descalifican unas a otras.
Esa es una de las grandes anomalías del Perú. Por no decir que es una de las grandes huevadas que tenemos que resolver.

Sentido de pertenencia

Pertenezco a este país. Me gusta mi país. Me siento confortable con mis paisanos. Puedo ir de un lado a otro, entrar en cualquier casa, sentarme en cualquier mesa, hablar cualquiera de nuestros idiomas, bailar cualquiera música y sentirme cómodo. ¿Cuántos podemos decir esto en el Perú? ¿Cuántos tenemos la posibilidad de ser aceptados como iguales en cualquier lugar de nuestro país?

Y estas bocas preguntan ¿Qué hay que hacer? ¿Cómo se genera identidad? Y miran a Palacio de Gobierno y Palacio de Gobierno no contesta y se miran a si mismas y no saben que contestarse.

¿Qué hay que hacer gente? Para salir de una vez por todas de la discriminación entre nosotros. Esa que anula. Que nos mantiene en guetos. Esa discriminación que impide que fluya la energía, que impide que seamos más felices.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Un ser de orejas enormes

Un ser de orejas enormes aparece en casa. Llega. No pregunto. Acepto. Abro la puerta. Es raro ver caminar a dos orejas en un cuerpo pequeño:
- Vengo a escuchar. Por favor habla, habla y habla. Cuanto quieras, de lo que quieras, de lo que necesites. Te escucho. Te acompaño. Habla sin medirte. Bebe si quieres.
Bebo. Beber afloja la lengua. Para hablar de verdad es bueno tener la lengua suelta. La lengua es dominadada por el cerebro. El cerebro es mandón y autoritario. El cerebro castra. El cerebro es un ser contenido. Inteligente pero timorato. Si tu lengua sólo está conectada a tu cerebro, estás cagado. Si dejas que el cerebro maneje tu lengua siempre vas a hablar correctamente. Siempre correctamente, ¿pero qué ganas con eso? Por eso, la lengua tiene que estar conectada con tu alma y con tu corazón. Alma y corazón amplian la capacidad de comunicar de la lengua. Si tú bloqueas los canales con los que tu alma y tu corazón pueden hacer hablar a tu lengua puedes podrirte y no hay cerebro que te salve. Y no hay matices en tus palabras. Y no eres real. Te conviertes en un cojudo más de esos que puedes meter en una caja y vender al por mayor. Un molde repetible.

El ser de orejas gigantes ha achicado su boca para que no se le escape palabra. Ha
achicado su boca pero no sus ojos que miran atentos. Sus ojos también tienen orejas. Sus ojos miran, se conmueven, son una orquesta que acompaña mis palabras.

El ser de orejas gigantes es prudente. Se va a tiempo. Ya hizo su trabajo. Me ha dejado mejor.

jueves, 3 de diciembre de 2009

¿Es que acaso no te está pasando nada nuevo?

Me reclaman que escriba de manera más frecuente en este blog. ¿Es qué acaso no te está pasando nada nuevo digno de contarse?
Buena pregunta que encierra una paradoja.
A veces, uno escribe cuando ya todo es antiguo y está en calma, cuando tiene tiempo de mirar hacia atrás. Cuando aparecen cosas nuevas, más bien, uno no las escribe, las vive.
Y yo estoy acostumbrado a vivir de manera intensa.

Ahora, por ejemplo, tengo una avalancha de nuevo trabajo: paso el día haciendo informes, elaborando propuestas; por lo demás, sigo atendiendo, aunque menos, a empresarios, artistas, profesionales independientes que desean mejorar sus perspectivas económicas. Creo que en estos dos últimos meses me he sobreexigido un poco. Y en los últimos días bastante más.

Por otro lado, se ha ampliado por estos meses mi radio de acción a generar programas para enfrentar el alcoholismo en comunidades con presencia de actividades extractivas y con programas de responsabilidad social que desean que sus grupos de beneficiarios mejoren su economía.

En cierta medida, todo este 2009 ha sido en términos laborales un año de transición que ha implicado sentar las bases para un giro en el modelo de mi negocio.

He estado también ocupado en reflexionar acerca de las actitudes, prácticas y temores de mi bobo corazón, interesantes descubrimientos aunque parciales aún, así que sigo en ello. Ya habrá reporte oficial. Si acaso.

Trabajé mucho con los campesinos cercanos a Marcará en el Callejón de Huaylas, ha sido mi acción de responsabilidad social más importante del año. Viajar cada mes para generar un concepto de desarrollo, formar a los campesinos y ver sus caras lindas mes a mes ha sido, probablemente, tan bonito como estar acostado mirándole la cara a la bella durmiente; tengo un hijito ahí, que espero crezca fuerte y sano. Debo confesar que en los últimos tres meses lo he abandonado. Son los Bancos Campesinos que he ayudado a formar. Me gustaría tener más tiempo para poder ir, pero en estos últimos meses el tiempo me es escaso.

Se me ha dado por ser alumno también. Ahora tomo clases de improvisación con Rita Fernández y clases de dramaturgia con César de María. Me gustan ambas, me alimentan mucho ambas. Quisiera tener más tiempo para ser alumno. Quisiera que más gente ponga su talento a disposición de los demás y nos invite a su casa a aprender de sus experiencias y conocimientos. Quisiera que existan más oportunidades entre la gente de buen espíritu para formarnos los unos a los otros.
Ya antes, en este año y los últimos meses del año pasado trabajé un poco la voz con Pilar Nuñez, hice dos Sadhanas - yoga kundalini - con Vania Ruiz y dos talleres de clown con esa alma buena que es Wendy Ramos. Gracias profes por recuperarme un poco, por darme un chance a pesar de mis cansancios y durezas, gracias por compartir su sabiduría y su don de gentes.

Desde fines de agosto hago radio, sábados y domingos en radio Capital y eso hace que me haya perdido el concepto de fin de semana. Es un costo alto que se compensa con la oportunidad de hablarle a los limeños sobre algunos temas que conozco bien.
También te he sido infiel blogcito amarillo. Tengo otros dos blogs más que alimento con frecuencia, uno en la Mula y otro en el portal de RPP.
Y, lo sabes, trato siempre de darme tiempo para escuchar a mis amigas y amigos.

Lamentablemente, este año he abandonado un poco la lectura, por suerte, en los últimos días se están encargando de darme una cucharita de tónico que abre nuevamente el apetito por la literatura. No soy constante con el tratamiento, pero espero que de efecto.

Valeriana está bien. Más madura pero igual de Vala. Me gusta tener a mi perra. Que me reclame atención, que me obligue a sacarla a pasear. Ahora ando indeciso con ella, se que viene su celo pronto, y pienso y pienso si la cruzo o no. Aun no tengo respuestas.

También tengo un animal nuevo en casa, una tortuga que L me regalo. Primero estaba en el jardín de afuera, ahora está en el de adentro. Es bonito y alucinado verla caminar desde el comedor cuando estoy escribiendo. Pero a veces ¡se me escapa! se pierde dentro de la casa, aparece en mi cuarto después de dos días de búsqueda. La última vez, se meo y se cagó y aprendí que la pila de la tortuga apesta bien fuerte.
Y me he quedado pensando sobre esa imagen: "se te escapan las tortugas Infante".
Pueda que sea cierto.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Ha llegado la hora

De hacer las tareas. De cerrar el círculo. De liberarte de cargas gratuitas. Ha llegado la hora, recíbela con cariño. Deja que se siente, que tome su café. Acógela. Que no se pase de largo. Porque cuando se pasa la hora comienzas a estresarte y ya sabes que eso no te queda bien.